«Viendo pasar el cadáver de los BRICS», de Josué Veloz Serrade, apareció originalmente en La Tizza el 15 de septiembre de 2026. Lo que sigue es una versión revisada para su publicación en Communis junto con su traducción al inglés.
«Hace tiempo que la multipolaridad dejó de ser una política para volverse mera espera mesiánica del colapso ajeno. De ahí que la declaración de Nueva Delhi de los BRICS se pueda dar el lujo de escatimar el nombre de quien está a punto de fenecer; en esa teología, ese nombre figura ya entre los difuntos.»
— Josué Veloz Serrade
«[…] no es de revolucionarios sentarse a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo.»
Segunda Declaración de La Habana: Del pueblo de Cuba a los pueblos de América y del mundo, 4 de febrero de 1962
«Un diario de Budapest critica al Che Guevara, figura patética y, al parecer[,] irresponsable y saluda la actitud marxista del Partido [Comunista] chileno que toma actitudes prácticas frente a la práctica. Cómo me gustaría llegar al poder, nada más que para desenmascarar cobardes y lacayos de toda ralea y refregarles en el hocico sus cochinadas.»
Ernesto Che Guevara, Diario de Bolivia, 8 de septiembre de 1967.
Hay documentos que simplemente se leen y documentos que se practican como autopsias. La declaración final de la más reciente cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi los días 12 y 13 de septiembre —con la participación de sus miembros fundadores; a saber, Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, a quienes se sumaron otros seis países, entre ellos Irán— pertenece a la segunda especie. La leí de punta a cabo —parecía casi interminable— como quien busca la causa de la muerte en un certificado de defunción, pero no encontré sino una casilla en blanco del tamaño de un hemisferio.
Por lo demás, el documento habla de todo: comercio, finanzas, gobernanza, clima y, punto sublime, acuerdos de trabajo conjunto para la promoción de plantas medicinales. La fitoterapia cooperativa como horizonte de la integración. Fui pasando cuartilla por cuartilla, cada vez más cerca del desconsolador final, convencido de que después de tanta retórica de papel —ni la menor ni la más apagada sombra de nada parecido a un tigre— llegaría lo único que importaba: medidas concretas y alentadoras. Encontré un catálogo. La declaración no estaba vacía; en realidad estaba llena de todo lo demás aparte de lo que yo buscaba.
El nombre ausente
El inventario de lo allí nombrado es elocuente. El nombre de Gaza aparece, envuelta en solidaridad. El nombre de Cuba aparece, arropada en solidaridad. «Israel» aparece, con nombre y apellido. También se hace mención del conflicto israelo-palestino; faltó sólo que, en aras de la ecuanimidad, Palestina hubiera figurado también como contraparte agresora.
Lo que no aparece en el tratamiento de estas crisis es el nombre del agente de la violencia que el documento dice querer contener: los Estados Unidos de América, hoy más que nunca «el gran enemigo del género humano», como escribiera el Che. El texto sí alude al bloqueo contra Cuba y condena la imposición de sanciones unilaterales; pero cuando llega la hora de identificar al responsable de la escalada su nombre se esfuma.
Puede hablarse página tras página de conflictos que se deben evitar, de límites que no se deben traspasar, de multilateralismo y multipolaridad, sin pronunciar jamás el nombre de quien provoca o atiza esos conflictos o quien traspasa los límites de todo derecho. Ya conocemos el truco: la sempiterna costumbre de negarse a nombrar al agresor para terminar discurriendo en voz pasiva. Conflictos que se deben evitar. ¿Por quién? Límites que no se deben traspasar. ¿Por quién? Agente responsable o reparador: a todas vistas, ninguno.
La forma que adopta el documento es la del repliegue. A las víctimas se las nombra con la puntualidad de las esquelas, pero brilla por su ausencia el nombre del verdugo, que flota como una especie de significante reprimido que estructura todo el texto desde su propia ausencia.
Mencionar a la víctima sin que se nombre al agente de la violencia no puede considerarse una denuncia: semejante mención a secas se ve reducida a un gesto de caridad.
Una declaración fantasma
Confieso que esperé hasta el final. Pensé: después de tanta retórica de papel, el cierre traerá cuatro medidas que infundan sustancia a tanta comedida, pusilánime verborrea.
Traté de redactarlas, por adelantado, en mi propia cabeza:
1. Un corredor humanitario protegido por fuerzas de aquellos países del bloque de los BRICS que así lo deseen y puedan hacer en beneficio del pueblo de Gaza y una fuerza de protección en el sur del Líbano contra nuevos bombardeos sionistas. Me sorprendo incurriendo en lo mismo que le reprocho a la abigarrada fauna que da cuerpo a los BRICS: calificar el querer aludiendo al poder. No hay nada que China o Rusia o Brasil o India quieran hacer que no puedan hacer, ni más ni menos que Estados Unidos: el límite no es militar ni financiero ni tecnológico, es mental: la más absoluta falta de imaginación política.
2. Un proceso de enjuiciamiento y reclamo de indemnización que examine la responsabilidad de Estados Unidos ante Irán por los ataques contra poblaciones civiles y otras violaciones del derecho internacional.
3. El reclamo de la liberación inmediata de Nicolás Maduro y Cilia Flores, capturados por fuerzas estadounidenses el 3 de enero y trasladados ilegal y ostentosamente a Estados Unidos.
4. Una flota de petróleo en cantidad suficiente, protegida por las armadas de varios de los países del bloque de los BRICS, que parta rumbo a Cuba; y un mecanismo financiero alternativo que permita a la nación caribeña acceder a los flujos del comercio mundial en igualdad de condiciones.
Eso, para empezar: gestos mínimos para enunciar que en verdad nos las estamos viendo con un nuevo polo de poder. Llegué al final de la declaración. No apareció ninguna de las cuatro. Ni ellas, ni nada que se les pareciera.
La declaración nombra a las víctimas, las medidas las habrían defendido. Nombrar no es defender. ¿Y qué resulta de un bloque que sabe sólo nombrar?
Examinemos lo que esas cuatro medidas que propongo tendrían en común.
Primero, las cuatro obligarían a pronunciar el nombre ausente. Dos de ellas tendrían que nombrarlo de forma directa como responsable o acusado y las otras dos podrían describir los efectos de sus actos, pero, en ningún caso, ninguna de las cuatro podría formularse sin decir «Estados Unidos».
Segundo, las cuatro cuestan algo —buques, aviones, armamento, protección militar, tribunales internacionales, arreglos financieros alternativos—, y toda solidaridad que cueste cero no valdrá cero, valdrá mucho menos.
Tercero, las cuatro conciernen a las víctimas que el documento sí nombra — Gaza, Líbano, Irán, Venezuela, Cuba— y convierten en verbo sus palabras virtuosas: proteger, enjuiciar, exigir, garantizar.
La declaración nombra a las víctimas, las medidas las habrían defendido. Nombrar no es defender. ¿Y qué resulta de un bloque que sabe sólo nombrar?

Fidel Castro, primer y único jefe de Estado extranjero en todo el mundo que visitó las zonas liberadas de Vietnam del Sur en 1973, en plena guerra, es recibido por soldados vietnamitas. Vietnam.vn.
Los hechos elididos
Lo más grave es que la cumbre no carecía de agenda. Se convocó a hablar de resiliencia en un contexto marcado por la disputa en torno al control sobre el petróleo venezolano y por una guerra contra Irán que volvió a escalar mientras seguían en marcha las negociaciones.
La intervención estadounidense en el petróleo venezolano no solamente coarta la soberanía de Venezuela, también proyecta sus inquietantes efectos sobre la de toda la región. Y si ese control por Estados Unidos sobre el petróleo venezolano se lee junto con la guerra contra Irán, se perfila una arquitectura de poder que la declaración necesitaba, al menos, interrogar. La relación entre ambos hechos no queda demostrada por su mera simultaneidad. De ahí que resulte más grave aún que el documento ni siquiera la ponga en tela de juicio.
Esas cosas, exactamente esas, eran las que el documento necesitaba nombrar. Ninguna aparece con la precisión política que exigen. En su lugar aparece el término «resiliencia»: actitud de quien se adapta al hecho consumado. «Resistencia» es la actitud de quien se niega a aceptarlo. Se eligió la palabra resiliencia porque la de resistencia ya no se podía pronunciar. Resiliencia también se puede doblar o plegar sin romperse. Dígase entonces resiliencia y fírmese con buena conciencia y en paz.
Los dos alibis de la paciencia sin rabia
Dos alibis sostienen esta ingeniería de la inacción. El primero se llama repliegue estratégico. Eufemismo concebido para enmascarar una rendición por fases. Su mecánica es simple: cada línea roja que el depredador cruce se vuelve a correr, una vez cedido ese terreno, con solemne dignidad. Se llama repliegue porque retroceder sin decir que se retrocede suena mejor.
Los BRICS jamás fueron una alianza militar. No los obliga ninguna cláusula de defensa común. Su cautela es estructural. Concedo el dato entero. No le reprocho al bloque no disponer de su propio ejército. Le reprocho regodearse en el vocabulario de un presunto polo — límites, multipolaridad, orden— y negarse a conjugarlo en imperativo cuando ha llegado la hora. Las cuatro medidas de mi imaginaria lista —de mi declaración personal—no conformaban una agenda externa; eran la traducción, con deliberada exigencia, de las palabras del propio documento. Un polo que no fija límites es un mercado. Lo que se sepultó en la cumbre de Dehli no fue el foro comercial, es la pretensión misma de ser polo. Empecemos a contrarrestar lo que al parecer será la nueva enfermedad de esta época: la polomanía.
El segundo alibi se llama declive. No pasará un mes, no pasará una semana, sin que aparezca un enjundioso análisis reafirmando que Estados Unidos es una potencia en declive. La teoría es el alibi perfecto del repliegue, si el depredador se está muriendo solo, no hace falta nombrarlo ni confrontarlo ni arriesgar nada; basta esperar, con la paciencia de los herederos, la herencia del que va a morir.
Hace tiempo que la multipolaridad dejó de ser una política para volverse mera espera mesiánica del colapso ajeno. De ahí que la declaración de Nueva Delhi se pueda dar el lujo de escatimar el nombre de quien está a punto de fenecer; en esa teología, ese nombre figura ya entre los difuntos.
El género cuenta con medio siglo de obituarios fallidos. Ya en 1987, Paul Kennedy anunciaba el declive estadounidense. El declive es real. Se mide en la participación en el producto mundial: caída de alrededor de cuarenta por ciento a menos de la cuarta parte en las últimas seis décadas. Pero la hegemonía sobre un hemisferio se ejerce con mucho menos, basta con una armada, un dólar y una máquina de sanciones. La potencia que declina acaba de capturar al presidente de Venezuela y de apropiarse de su más preciado recurso. Su declive es asunto del que se ocuparán los historiadores del siglo XXII; su poder, asunto de hoy por la tarde.
La excepción que puso un respirador a un paciente en coma autoinducido
Si los BRICS aún no han sido sepultados, no es por mérito o virtud de la declaración. Es porque Irán no asumió como doctrina propia, el día en que fue invadido, la argucia del repliegue estratégico que domina el documento… y la propia organización. De los miembros del bloque, es el que en esta coyuntura ha llevado más lejos la idea de que la soberanía exige una respuesta capaz de detener la voracidad imperialista; el que ha tomado en serio, con su propia práctica, la retórica de un orden multipolar.
Si la presidencia rotativa midiera quién sostiene realmente al bloque, la silla debería trasladarse a Teherán. El bloque casi vive de prestado. Vive de la tensión entre lo que proclama y lo que está dispuesto a hacer, entre su pose alternativa y su pomposa banalidad. ¿Cuánto puede sostenerse un bloque sobre la fe de quienes no la profesan?
Mientras medio planeta redacta el obituario de una potencia que no muere, en la cumbre nadie quiso firmar el acta de defunción de una promesa que ya feneció. Es ese el cadáver que ha pasado ante nosotros, y no el que todos miran; no el de Washington, que los analistas velan desde hace medio siglo, sino el de la multipolaridad como promesa. Muerta de nominalismo. Muerta de pasividad. Muerta, triste es decirlo y confirmarlo, de plantas medicinales.
No se desesperen, lectores y lectoras, si este mes y el próximo llegan cargados de enjundiosos análisis sobre el declive. Yo ya hice mi duelo. A veces me da por pensar que el día en que Estados Unidos termine de estar en declive, ya estaremos todos muertos. Y nuestro cadáver será el de la promesa que nadie se atrevió a defender.
Feature image: Germaine Kruip, A Possibility. Photo by Duncan Elliott. Courtesy of Manchester International Festival via Art Review.





