“Value Theory for the End of the World: Remembering Joshua Clover (1962-2025)”, de Bruno Bosteels, apareció originalmente en el blog de Verso el 30 de abril de 2025. Su traducción al español para Communis fue amablemente autorizada por el autor.

«Para Joshua Clover no existía diferencia significativa alguna, ni ontológica ni epistemológica, entre las formas poéticas o artísticas y las formas sociales o políticas. Como tampoco la teoría podía separarse del activismo.»
— Bruno Bosteels
 

Recordando a Joshua Clover (1962-2025)

Poeta, comunista, amante de los gatos, profesor, crítico musical, correcaminos, teórico crítico, marxista —aunque no necesariamente en ese orden—, Joshua Clover era todas esas cosas y más. Para mí, sin embargo, era ante todo mi compadre, aquél a quien entre la familia electiva, no biológica, mi pareja y yo habíamos decidido que cuidara de nuestro hijo menor —su ahijado Manu—, en caso de que algo nos ocurriera a ambos. El vacío que deja tras de sí su muerte es indescriptiblemente doloroso y las palabras que siguen no pretenden decir lo contrario. La historia —en particular la historia personal— es lo que duele.

Joshua y yo nos conocimos accidentalmente en el otoño de 2010, cuando ambos éramos becarios de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Cornell. Desde el principio del seminario semanal al que se espera que asistan todos los becarios nos hicimos amigos, ya que tanto a él como a mí muy pronto se nos señaló como marxistas de la vieja escuela, algo que Joshua llevaría como una insignia de honor durante el resto del curso académico, sin por ello dejar de ocultar su escepticismo respecto de mis credenciales para pretender lo mismo. En relación con ese asunto, como en todo lo relacionado con la acción política y la teoría inmanente a ella, los estándares de Joshua eran muy exigentes. Seguro como estaba yo de no estar a la altura de sus expectativas, siempre tuve la sensación de que me dejaba seguir adelante con mi insuficiente comprensión del verdadero Karl Marx, el autor de los Grundrisse y de los tres volúmenes de El capital. Apenas el verano pasado me dijo que quería pasar una temporada en Berlín y aprender alemán para leer a Marx en el original.

Durante aquel año que pasamos juntos en Cornell, y que ahora parece ser parte de otra época, pasamos muchos días en nuestra casa de Ithaca hablando, riendo y bebiendo hasta bien entrada la noche. Simone y yo nos asegurábamos siempre de tener a mano una botella fría de Sancerre especialmente reservada para él. Al año siguiente, viajaríamos con los niños a Sea Ranch, en el norte de California, que Joshua nos hizo descubrir, para su   cumpleaños 50; poco después, vendría a visitarnos a la Ciudad de México; no hace ni dos años, viajaríamos todos de nuevo a Sea Ranch para sus sesenta. Y, entretanto, cada vez que venía a Nueva York, trataba siempre de pasar la noche en nuestra casa y cenábamos juntos. Era un alma tan singular, si se me permite utilizar ese concepto idealista, tan genuinamente atento con nuestros dos hijos Lucas y Manu, aunque era un abolicionista a ultranza en lo que a la familia burguesa se refiere, e implacable pero también entrañablemente crítico con lo que consideraba mis muchas erróneas apreciaciones sobre la teoría crítica y la filosofía. Después de la muerte de Fredric Jameson en septiembre de 2024, siento ahora que con Joshua he perdido a uno de los últimos lectores implícitos que me quedaban.

«Poética de las formas sociales» —la etiqueta que escogió Jameson para su obra— podría igualmente servir de título general para los numerosos libros de Joshua, sean sus propias recopilaciones de poesía (las laureadas Madonna anno domini, The Totality for Kids y Red Epic), sus análisis de la escritura, el cine y la música de otros (The Matrix, 1989: Bob Dylan Didn’t Have This to Sing About y Roadrunner) o, su teoría de las formas de acción colectiva (Riot. Strike. Riot: The New Era of Uprisings y el nuevo libro secuela en que estaba trabajando). Y es que para Joshua no existía diferencia significativa alguna, ni ontológica ni epistemológica, entre las formas poéticas o artísticas y las formas sociales o políticas, como tampoco la teoría puede separarse del activismo. Todas las formas son obviamente sociales pero, a la inversa, el principio más fundamental sostiene que no es posible comprender la sociedad en cuanto tal ni ejercer acción alguna sobre ella fuera de un determinado conjunto de formas que deben estudiarse con ayuda de las herramientas y los métodos del materialismo histórico.

Como escribió en la «Introducción» a Riot. Strike. Riot, con un sarcástico disparo de advertencia a aquellos amigos y camaradas a quienes consideraba demasiado moralistas y voluntaristas:

La teoría es inmanente a la lucha; a menudo debe apresurarse para ponerse a la altura de una realidad que avanza dando bandazos. Una teoría del presente surgirá de sus confrontaciones vividas, en lugar de llegar a la escena cargada de homilías retrospectivas y prescripciones sobre cómo debe librarse la guerra contra el Estado y el capital, programas que se nos dice que alguna vez funcionaron y que ahora podrían reformarse e imponerse de nuevo en nuestro momento tan disímil. El subjuntivo es un modo encantador, pero no es el modo del materialismo histórico.

Esa obstinada negativa a sacrificar la periodización de las formas reales de lucha y sus teorías inmanentes en el altar del modo subjuntivo podría resultar imposible de sostener hasta el final. Después de todo, el propio Joshua concluye su popular libro con una invocación de las formas futuras de la comuna, que apuntarían más allá de los límites del análisis histórico y materialista de la huelga como la forma de lucha en torno al salario en el ámbito de la producción en la fábrica, y del motín, como la forma de lucha en torno al precio fijado en el ámbito de la circulación en el mercado. «La comuna que viene se desarrollará allí donde tanto las luchas de producción como las de circulación se hayan agotado a sí mismas», predice (o prescribe) Joshua, antes de terminar con un détournement o alusión de rodeo tanto a «The Second Coming» de William Butler Yeats como a la sexta y última película de Guy Debord, In Girum imus nocte et consumimur igni: «Las cosas se desmoronan, el núcleo y la periferia no se sostienen. Damos vueltas y vueltas en la noche y somos consumidos por el fuego.»

Durante los últimos años, Joshua había estado trabajando sin descanso en una ampliación de su teorización materialista de las formas de acción colectiva para añadir el bloqueo y la acampada al repertorio del motín y la huelga. Nuestro editor común, Sebastian Budgen, me cuenta que, sabiamente, Verso le había ofrecido  un contrato para ese nuevo libro, que se titularía Two Problems, Two Limits, the Rev (basado en unas líneas del Discours sur le colonialisme de Aimé Césaire, en 1955, según el cual los dos problemas en cuestión se refieren al colonialismo y al capitalismo, o a la tierra y al trabajo, con cuyos límites extremos nos enfrentamos actualmente bajo la forma del colapso climático y del fin del crecimiento capitalista).

Rehusándose una vez más a aceptar la errada oposición entre la intervención política y la labor teórica, Joshua sigue preguntándose cómo cambian las formas de lucha y, basándose en una comprensión histórica y material de su funcionamiento interno en la práctica concreta, cómo estas nuevas formas pueden contener comunas nacientes, en las que las cuestiones prácticas urgentes ya no giran sólo en torno a la producción y la circulación, sino que además se expanden a los ámbitos de la reproducción y los cuidados. Como contribución al pensamiento marxista, por último, llega a ofrecer «teoría del valor para el fin del mundo» como el nombre para su proyecto general iniciado con Riot. Strike. Riot: «Mostrar, en resumen, que el pensamiento marxista (y la teoría del valor en particular), lejos de estar divorciado de la práctica política cotidiana, aprende de esas prácticas y las hace nuevamente pensables. La teoría ayuda a pensar cómo intervenir o no es nada.»

Descansa en paz, compadre. Ayer, mientras daba vueltas y vueltas en la noche intentando hallarle sentido a esta pérdida sin sentido, volví a leer las últimas líneas de tus agradecimientos en Riot, cuando citas furtivamente la carta de Marx de mayo de 1843 a Arnold Ruge, su amigo y compañero de la Juventud Hegeliana, y no pude evitar sentir como si nos estuvieras hablando: «Y cuando todo haya llegado a su fin, dame la mano para que volvamos a empezar desde el principio.»

Imagen: Foto de Joshua Clover tratada en rojo para un anuncio de Clandestino sobre el lanzamiento en 2019 de sendas traducciones al sueco de las obras de Joshua Clover Riot. Strike. Riot (Tankekraft förlag) y Red Epic (Nirstedt/litteratur).

Traducido del original en inglés por Simone Pinet y Rolando Prats, en consulta con Bruno Bosteels.

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