«Bruno Bosteels Translates Alain Badiou on Nietzsche», entrevista con Bruno Bosteels realizada por Columbia News —en la que Bosteels, Decano de la División de Humanidades de la Universidad de Columbia, explica por qué le resulta profundamente satisfactorio traducir obras de otros autores—, se publicó por primera vez en la sección «Off the Shelf» de Columbia News el 18 de junio de 2026. Se publica ahora bajo este otro título, con el cual el traductor al español ha querido aludir al doble valor de la labor que comparte con Bosteels: trabajar sobre algo; es decir, encima del texto que se traduce, pero también acerca de él, alrededor de él, aproximándosele.
“Resulta profundamente preocupante que tantos de nuestros mejores teóricos y filósofos actuales adopten, de forma abierta o implícita, el lado creativo de Nietzsche, creyéndose además libres de resentimiento, cuando en realidad ese llamamiento a la creatividad y la grandeza es inseparable de una agenda supremacista que postula la necesidad de grandes masas de individuos prescindibles para sostener a unos pocos genios, por lo general hombres. Lamentablemente, puede que nuestro mundo sea incluso más nietzscheano de lo que cree Badiou, y por razones diferentes de las que explica el propio Badiou.”
— Bruno Bosteels
Sobre el Nietzsche de Badiou: Conversando con Bruno Bosteels
Para el filósofo francés Alain Badiou, Friedrich Nietzsche es el príncipe de la antifilosofía. Luego de que pensadores de izquierda franceses ensalzaran a Nietzsche en la segunda mitad del siglo XX, se produjo una reacción contraria en la década de los noventa. Sin embargo, Badiou se negó a sumarse a los ataques. En vez de ello, consagró su seminario de 1992-1993 a una original lectura de Nietzsche —por quien hasta ese entonces no había mostrado sino indiferencia o desdén— en la que se diría casi enamorado del autor de El anticristo y Ecce Homo.
En Antifilosofía I se presenta el seminario que impartiera Badiou sobre las obras tardías de Nietzsche, en el que aborda por primera vez lo que se convertiría en uno de los conceptos centrales del filósofo francés: la antifilosofía y su relación antagónica, aunque íntima, con la filosofía. Para Badiou, Nietzsche es el antifilósofo moderno por excelencia, su antagonista —y aliado ocasional— en la batalla por redefinir la labor de la filosofía. Badiou da por sentada la declaración de Nietzsche de que «Dios ha muerto», al tiempo que rechaza su aseveración de que también la filosofía ha caducado. Badiou se adentra en una tradición centenaria de reflexión sobre las paradojas de Nietzsche, de la que forman parte pensadores como Martin Heidegger, Gilles Deleuze y Jacques Derrida. Al examinar los escritos de Nietzsche sobre Richard Wagner, Badiou reflexiona sobre la naturaleza del arte y de la estética a propósito de su proyecto de reafirmación constante del valor de la filosofía desde un nuevo ángulo.
Bruno Bosteels, Decano de la División de Humanidades y profesor del Departamento de Culturas Latinoamericanas e Ibéricas, ha traducido el libro junto con Susan Spitzer, quien con frecuencia ha traducido a Badiou. En entrevista con Columbia News, Bosteels nos habla sobre el arte de la traducción, su trabajo como investigador y su labor docente, así como sobre Badiou y Nietzsche.
Columbia News
¿Cómo surgió la idea de traducir este libro?
Bruno Bosteels
El seminario de Badiou sobre Nietzsche como antifilósofo era, para mí, el próximo paso lógico en mis proyectos de traducción. Aunque en no pocos aspectos Nietzsche representa el polo opuesto a las propias posiciones filosóficas y políticas de Badiou, en este seminario el pensador francés ofrece un retrato de lo más generoso, casi entrañable, de los últimos años de Nietzsche, inmediatamente antes de su crisis nerviosa del 3 de enero de 1889.
En general, los seminarios de Badiou transmiten un estilo docente único, en el que se mezclan la improvisación libre, digresiones prolongadas y confrontaciones puntuales. Pero esta lectura minuciosa de los últimos años de Nietzsche nos ofrece una visión poco habitual de Badiou, a quien vemos inmerso en un proceso de reflexión sobre un conjunto de posiciones por las que siente un rechazo visceral, pero que quizás también admire y secretamente imite.
Hay una razón más por la que decidí emprender esta traducción, y es que desde hace décadas he venido considerando al escritor argentino Jorge Luis Borges como a una especie de antifilósofo. «Sabemos que era enemigo de los filósofos; apoderarse de una de sus armas y volverla contra ellos, debió de causarle un belicoso placer», escribió el propio Borges acerca del antiguo obispo griego Ireneo en «La eternidad de los modernos», uno de los ensayos de su libro Historia de la eternidad. Comprender cómo lo que dice en ese caso Borges podría valer para él mismo es un proyecto para el que he aprendido mucho de Badiou, quien formaliza las estrategias de la tradición antifilosófica en sus seminarios sobre Nietzsche, Ludwig Wittgenstein (a quien también he traducido), Jacques Lacan y San Pablo.
CN: ¿Qué opinas de esta cita de José Saramago: «Los escritores crean con su lengua literatura nacional, pero la literatura universal la escriben los traductores»?
BB: La noción de literatura universal puede tener hoy en día connotaciones diferentes a las que tenía cuando Saramago hizo semejante afirmación. Puede que la literatura universal no sea tan internacional o cosmopolita como Saramago la presenta, ya que hoy el término se refiere principalmente a la literatura traducida al inglés. Pero me gusta cómo Saramago llama la atención sobre el trabajo de los traductores —por lo demás, en su mayor parte, labor invisible y mal remunerada— a la hora de trascender las fronteras nacionales y las culturas.
CN: ¿Cómo ves tu papel en cuanto traductor? ¿Te limitas a reproducir la obra de otro escritor en un nuevo idioma o añades algo propio al texto?
BB: Para mí, traducir suele significar trabajar hasta altas horas de la noche, cuando los demás duermen. En ese sentido, ocupa un lugar especial en mi corazón. Soy y no soy traductor profesional. Se trata más bien de que existo en otros idiomas, pues no dedico sino unas pocas horas al mes a hablar por teléfono con mi madre o a enviar mensajes de texto en flamenco a mis hermanos, mientras el resto del tiempo hablo, enseño o escribo en una lengua extranjera.
Una vez que empecé a traducir de forma más oficial —ya fueran obras de otros o mis propios escritos—, descubrí un placer singular al habitar ese espacio intermedio, donde puedo permitirme flotar yendo de un lado a otro entre dos o más idiomas, ninguno de los cuales es mi lengua materna. Me siento más libre en la traducción que en la escritura académica habitual, por cuanto en ese caso hasta es menor el privilegio del que se dispone, ya sea en la lengua de llegada a la de partida, respecto de la cual se esperaría que tuviera todo el control en cuanto hablante nativo. Estoy explorando y, con suerte, mejorando mi comprensión del funcionamiento interno de dos o más lenguas extranjeras, entre las que me encuentro en una condición que el poeta y filósofo Friedrich Hölderlin denominó exilio originario. Es una forma de «comunizar» y despersonalizar la labor del pensamiento, lo cual me resulta profundamente satisfactorio.
CN: Has traducido numerosas obras de Badiou. ¿Cómo se forjó esa relación con Badiou y con su obra?
BB: Aunque ya había leído algunos de los primeros escritos de Badiou, todo comenzó a mediados de la década de los noventa, cuando leí su notoriamente oscura Teoría del sujeto. Ese libro me dejó boquiabierto. Es la obra de un solitario enloquecido (un poco como el Nietzsche de los últimos tiempos, ahora que lo pienso), a quien no le importa en lo más mínimo de qué manera se lo va a entender, si es que después de todo alguien lo leyera. En ese libro se conjugan minuciosas y peculiares lecturas de Hegel, la poesía de Mallarmé, la tragedia griega antigua —en particular Sófocles y Esquilo—, Hölderlin, Lacan, Marx y Mao Zedong. Escrito en una sintaxis mallarmeana, repleta de palabras compuestas inventadas como «esplaza» (esplace) y «fuera de plaza» (horlieu), y extrañas fórmulas para explicar nociones como la angustia, la justicia, el valor y el terror, este libro representa para mí un ejemplo de la obra teórica inclasificable anterior a su sistematización en filosofía.

Después de leer ese difícil texto durante un largo fin de semana en Cambridge, Massachusetts, le escribí a Monsieur Badiou, intenté explicarle el efecto que su libro había tenido en mí y le propuse traducir su obra al inglés. Me respondió de inmediato con una nota manuscrita, en la que me decía lo conmovido que se sentía, teniendo en cuenta la soledad absoluta en la que había estado trabajando durante años. Desde entonces, hemos sido amigos, cómplices y, en ocasiones, críticos sarcásticos uno del otro. Cuando, varios años después, pude terminar la traducción de Teoría del sujeto, no fue poco lo que me conmovió que algunos lectores me dijeran que resultaba más fácil de entender en inglés que en el original en francés. El seminario sobre Nietzsche es mi novena traducción de Badiou y acabo de firmar el contrato para la décima, Philosophical Voyages of the Mind (Voyages mentaux philosophiques), que muy pronto entregaré a la editorial.
CN: ¿Concuerdas con la interpretación que hace Badiou de Nietzsche en Antifilosofía 1?
BB: Sí y no. Valoro la capacidad de Badiou para formalizar el atractivo de Nietzsche y del nietzscheanismo en el siglo XX. Y, dado que algo similar está presente en un escritor como Borges, sobre quien no he dejado de escribir desde mis años de licenciatura en Bélgica, no me es difícil ver el atractivo que ejerce el acto antifilosófico radical (o el acto o dato estético, o el hecho estético, en el caso de Borges) que significa partir en dos mitades la historia del mundo, tal como Nietzsche, al final de su vida lúcida, pretendía haber hecho. Pero, como explico en la introducción del traductor, también creo que esta lectura bastante formal del Nietzsche final subestima el poder pernicioso de su evaluación genealógica de formas de vida basada en un orden jerárquico que estaba racializado de maneras que nunca son meramente metafóricas.
Resulta profundamente preocupante que tantos de nuestros mejores teóricos y filósofos actuales —aun cuando se declaren progresistas o de izquierda— adopten, de forma abierta o implícita, el lado creativo de Nietzsche, creyéndose además libres de resentimiento, cuando en realidad ese llamamiento a la creatividad y la grandeza es inseparable de una agenda supremacista que postula la necesidad de grandes masas de individuos prescindibles para sostener a unos pocos genios, por lo general hombres. Lamentablemente, puede que nuestro mundo sea incluso más nietzscheano de lo que cree Badiou, y por razones diferentes de las que explica el propio Badiou.
CN: Como Decano de la División Humanidades, ¿tienes tiempo para dar clases? Si es así, ¿qué has impartido últimamente?
BB: En cuanto decano de división no estoy obligado a enseñar, pero siempre imparto al menos una asignatura al año. El pasado otoño impartí el seminario de último curso del Instituto de Literatura Comparada y Sociedad de Columbia, que es donde desempeño más de la mitad de mis funciones como decano. Dado que en este programa participan a partes iguales estudiantes de Literatura Comparada y de Humanidades Médicas, y que mis conocimientos de medicina no van más allá de la teoría de los humores, volví a darle la vuelta al programa de estudios. Tras impartir unas cuantas sesiones, los estudiantes propusieron asombrosas lecturas que debatir en grupo sobre palabras claves como (el muy nietzscheano) desprecio, riesgo, dolor, improvisación, lengua nacional, desposesión, verdad, temporalidad, (la también inquietantemente nietzscheana) eugenesia «aterciopelada», relatos de pacientes, etcétera.
CN: ¿En qué trabajas ahora?
BB: Acabo de terminar la traducción ampliada al inglés de mi libro La comuna mexicana, que ya he enviado a Duke University Press. Y ahora, estoy tratando de no perder el impulso hasta altas horas de la noche para terminar su contrapartida oscura y distópica, Philosophies of Defeat: The Jargon of Finitude. Se trata de una feroz polémica en la que llevo trabajando más de una década, contra lo que considero la tendencia dominante en gran parte de la teoría política y los estudios humanísticos contemporáneos, fuertemente influidos por Martin Heidegger y Jacques Derrida, aun cuando no se haya leído directamente las obras de esos autores. Philosophies of Defeat es un intento de reflexionar sobre cómo hemos llegado al callejón sin salida político en el que nos encontramos, en que al parecer hemos interiorizado la derrota de la promesa radical de liberación de los años sesenta y setenta de formas extrañamente claudicantes que, a su vez, nos dejan aparentemente impotentes.
CN: ¿Cuál crees que sea el significado de las humanidades hoy en día?
BB: Para mí, el significado de las humanidades hoy en día radica en el hecho de que no existe un «hoy» (ni un «ayer» ni un «mañana») sin la labor de darles forma y sentido, que es precisamente lo que estudiamos en las humanidades.
CN: ¿A qué tres académicos o escritores, vivos o muertos, invitarías a cenar, y por qué?
BB: Prefiero invitar a cenar a amigos, no a muertos vivientes. Pero, si insistes, me habría gustado conocer en persona a Borges, y haber sido el intérprete durante un encuentro entre Karl Marx y el revolucionario mexicano Emiliano Zapata. Me imagino a este último repitiéndole al primero lo que una vez le dijo a una de sus secretarias: «Esas ideas me parecen buenas y humanas, pero debo decirles que no nos toca a nosotros llevarlas a la práctica, sino a las nuevas generaciones; y para implantarlas, se necesitarían quién sabe cuántos años.»
Feature image: Spread from the book To Nietzsche, a collaborative work between photographer Adou and artists Liu Ke and Huang Huang.
Translated from the original in English by Rolando Prats.





