NLR

Proliferaciones

Tras sufrir un infarto en 2003, al poeta Kevin Killian le costó escribir durante el consiguiente régimen farmacológico. «No lograba llegar al final de ninguna frase, simplemente me quedaba flotando, en un estado de continua felicidad, como un cálido subidón de heroína o mescalina»— recordó más tarde. A sugerencia de la escritora Dodie Bellamy, su esposa desde hacía treinta y tres años, Killian empezó a dejar reseñas periódicas en Amazon; produciendo cosas sencillas al principio, unas pocas palabras, con el tiempo una línea, fue abriéndose camino de nuevo hacia la escritura. La colección de poesía de Killian, Action Kylie, apareció en 2008; Impossible Princess, su tercera colección de relatos breves, al año siguiente; la esperada novela de Killian, Spreadeagle, iniciada en 1990, se publicó en 2012. Más allá de su ventana, San Francisco se transformaba inconmensurablemente a lo largo de esos años, a medida que el capital de riesgo de Silicon Valley se deslizaba hacia el norte. Dentro de la ventana de su navegador, Killian no dejó de escribir reseñas para Amazon, habiendo llegado a publicar más de un millón de palabras a través de más de veinticuatro mil reseñas antes de morir en 2019.

Selected Amazon Reviews, publicado recientemente por Semiotext(e), dispone su selección en orden cronológico, con una introducción de Wayne Koestenbaum y un epílogo de Bellamy, todo ello envuelto por una traviesa cubierta, que hace que el volumen parezca, a primera vista, una prestigiosa edición publicada por la Library of America. Como proyecto, Selected Amazon Reviews tiene algo en común con las obras que vampirizan intertextos (Mina Harker, de Bellamy; Margery Kempe, de Robert Glück) o parasitan los argots del mercado (S*PeRM**K*T, de Harryette Mullen; ‘Whole Foods’, de Marie Buck). Pero Killian no se aferra a una sola figura, texto o forma retórica, sino que se deleita en los corredores infinitamente proliferantes de «la tienda de todo» y su cacofonía de voces críticas de aficionados. Las colecciones de poesía, comida para bebés, novelas, calzoncillos bóxer, álbumes de rock, películas de Hollywood, cintas de Guys Gone Wild, bolígrafos y otros productos reseñados a lo largo de las 700 páginas de Selected Amazon Reviews son tan diversos como los estilos literarios y las técnicas críticas utilizadas para evaluarlos.

Airport Planning & Management, «uno de los mejores recursos para el gestor profano», obtiene la máxima puntuación: «Más de quinientas páginas, y pude detectar sólo algunas inexactitudes menores.» La colección está repleta de ese tipo de fantasía, alimentada por la maravilla y el absurdo de la vida en la edad de Amazon. (Una reseña de Fresh Ideas in Dried Flowers se inicia con la admisión de que había utilizado Prime con demasiada precipitación: la intención era comprar Dried Ideas in Fresh Flowers). A menudo, la evaluación se transforma en modos más emotivos. «Todos andamos en la búsqueda de ese tiempo anterior a nuestro nacimiento en que el pecado y la muerte aún no habían corrompido nuestra inocencia»— explica al volver a visitar el álbum Midnight Ride, de Paul Revere & the Raiders. Un libro de historias de fantasmas de San Francisco es «una mescolanza mal concebida, que entremezcla realidad y ficción de una manera deletérea para ambas», mientras que una reseña de cinco estrellas de Lost and Found Pet Posters from Around the World describe «un ensamblaje posmoderno con corazón y alma chapados a la antigua». Lo mismo podría decirse de Selected Amazon Reviews.

Killian escribía esas reseñas con rapidez, «tratando furiosamente de capturar las voces que se movían a través suyo», en palabras de Bellamy. Sin embargo, cuando escribe sobre literatura, el registro puede ser el de un lector ejemplar con un amplio conocimiento de su oficio. Sobre Selected Poems de Leslie Scalapino, por ejemplo: «Vemos también, girando hacia atrás desde el presente, cómo su gran voz profética, alineada con una jeremiada agudamente política de vergüenza y reproche a las actuales políticas del gobierno de Estados Unidos, no es algo nuevo en su obra, que siempre ha sido una poeta de lo social, de lo político, de la palabra trémula en el infierno del capitalismo tardío.» En otros casos, Killian se deja llevar por estados de ánimo menos profesionales. En una ocurrente improvisación mete a presión relatos nostálgicos sobre su infancia en Francia (Killian se crio en Long Island). Sobre Anthology of Apparitions, de Simon Liberati, escribe, por ejemplo:

Como niño americano criado en Francia, conocí a muchos niños y niñas como Claude y Marina, niños ingeniosos y pícaros vagabundos  que hoscamente vendían sus cuerpos por una tajada de queso y un Gauloises, y que sin propósito jugaban con agujas hipodérmicas, como las de los talleres de sombrerería de la calle Sainte-Anne, cerca del Palais-Royal, o como la aguja del fonógrafo que, aplicada a cualquiera de los numerosos discos de Françoise Hardy o de los Rolling Stones, proporcionaban la banda sonora yé-yé de nuestras vidas.

Según Killian, quien pasó la mayor parte de su carrera de escritor trabajando de 9 a 5 como secretario ejecutivo de Able Cleaning Services, la estratagema del chico francés pudo haberse fraguado a raíz de su disgusto por la élite literaria que iba y venía de Europa y escribía poesía sobre ella. «Tal vez fuera por una cuestión de clase, pero pensé que aquello era lo peor»—escribe. Tema que, hacha en mano, retoma durante una de sus raras críticas negativas, esta vez de las memorias «cremosamente» escritas por Shirley Hazzard sobre la isla italiana de Graham Greene: «Todos los libros de viajes se parecen, y hay dos tipos de lectores: a uno le encanta un libro sobre Capri y el otro preferiría someterse a una depilación brasileña sin anestesia.» No obstante, concede a Greene on Capri tres estrellas de cinco: «puro opio».

El lector secuencial podría observar continuidades temáticas en Selected Amazon Reviews.. Durante un mes, en 2005, Killian se dedicó a reseñar exclusivamente cosas cuyo título incluyera «medianoche». Primero, películas: Midnight Cowboy, Midnight in The Garden of Good and Evil, Midnight Express, etc. Después, música, un «Midnight Desert Young Style Car Seat» y, por último, … galletas: «Key Lime Coolers in Special Edition Midnight in the Garden of Good and Evil Tin by Byrd Cookie Company». La reseña comienza en Savannah, mientras Killian hace de Baedeker en diferentes voces: «Hay que reconocer que los lugareños han descubierto la manera de vivir.» La mayor parte de lo que sigue se refiere a la visita al cementerio de Bonaventure para ver la estatua Bird Girl, de Sylvia Shaw Judson, cuyo retrato aparece en la portada de la novela de John Berendt Midnight in The Garden of Good and Evil y en la adaptación de Clint Eastwood, que Killian había reseñado unos días antes:

Por todas partes había cámaras de vídeo o teléfonos móviles encendidos que intentaban captar algo de acción. Un guardia nos dijo que era la estatua más fotografiada del mundo. Añadió que no era propiamente un ángel, sino una chica pájaro, pero que efectivamente había hecho algunos milagros y que el tipo de gente que solía ir a Lourdes ahora podía ir a ver a la Chica Pájaro y rezarle, quizás frotar sus extremidades enfermas contra la estatua… El mismo guardia nos ofreció unas deliciosas galletas de limón de una caja de hojalata extrañamente familiar. Resultó que había encargado la caja a Byrd Cookie Company. Es una bonita caja de hojalata, llena de deliciosas galletas Key Lime Coolers, y lo que la hace más atractiva es que es una réplica exacta de la famosa estatua. Así, se parece al popular libro que hizo historia como bestseller y convirtió a Savannah, un pueblo de provincias, en una de las ciudades turísticas más codiciadas de Estados Unidos… Compre esa caja y déjela en su diván o mesa de centro y sus invitados se quedarán boquiabiertos de asombro, quizás sería más exacto decir de curiosidad.

Ni la lata ni sus imágenes son «una réplica exacta» de la estatua; el envase para el refresco de lima no es «igualito» a la novela de Berendt. Y Killian lo sabe: cuando nos dice que la Chica Pájaro es «la estatua más fotografiada del mundo», evoca el caso más citado de simulacro en la literatura estadounidense de posguerra: «el granero más fotografiado de América» de White Noise, de Don DeLillo, descrito por el personaje Murray como « en cierto modo una experiencia religiosa, como todo turismo». El «asombro» y la «curiosidad» que antaño evocaban los milagros de Lourdes son ahora material de folletos turísticos de Savannah y de los textos de marketing de las galletas. Lo numinoso ha quedado subsumido en el carácter místico de la mercancía, y puede ser suyo, a través de esa oferta por tiempo limitado, ¡si hace su pedido pronto!

Mientras leía Selected Amazon Reviews, recordé un momento de Seasonal Associate (2018), de Heike Geissler, también publicado por Semiotext(e). La protagonista, que trabaja como temporera en un centro de distribución de Amazon en Leipzig-Nordost, contempla formas silenciosas de sabotaje: «espolvorear polvo dentro de los libros (solo los malos y los mal hechos), insertar Post-its con insultos dirigidos a los compradores del producto». También para Killian, la resistencia al ecuménico régimen de consumo de Amazon se manifiesta en forma de salpicaduras y sobreimpresiones, paratextos pegados en las páginas digitales de destino de los productos, y aunque Killian también se dirige a los compradores, su estilo es rara vez la invectiva, y es casi siempre el elogio, la efusión. «No está interesado en un simple vete a la mierda, capitalismo —escribe Bellamy en su epílogo—, hace que el capitalismo sea queer como hace que sea queer todo lo demás. «Escribe reseñas como un acto de amor, no como una carnicería: la crítica como caricia»— piensa Koestenbaum. «Tuerce el sistema desde dentro»—dijo Killian de sí mismo, citando a un crítico anónimo.

Ese deslizamiento entre personas gramaticales es echt Killian. «¿Has estado alguna vez muy borracho, en una habitación llena de espejos?»— pregunta el narrador de su cuento «Spurt», de Impossible Princess. De repente, se oye un chasquido en la cabeza y la primera persona se convierte en segunda. Ese eres tú, Kevin. Tómate otra copa. No te preocupes si lo hago. Acaricias la verga caliente en tu mano, no puedes decidir si es tuya o de otro. Clic. La segunda persona se desliza en la tercera.» Una forma de leer estas reseñas es ver en ellas una evolución de la Nueva Narrativa, un movimiento que —como Bellamy y él explican— cultivaba «el deseo extático en lugar de la ambivalencia torturada». Un violento encuentro erótico se abre a subjetividades esopaciosas e intoxicadas en «Spurt», una verga que es mía, tuya, suya; el «yo» polivocal de Selected Amazon Reviews se apropia, a su vez, de las multitudinarias fantasías de la identidad que se reifican y reflejan en los productos de consumo y los objetos culturales.

«Un movimiento mal definido desde el principio»—escriben Bellamy y Killian en su antología de la Nueva Narrativa Writers Who Love Too Much (2017). Esa vanguardia suelta comenzó a finales de la década de 1970 en San Francisco como respuesta a la poética incorpórea de la escuela de los poetas del lenguaje. Uno de sus fundadores, Robert Glück, describió la «poesía de la disyunción como un idealismo de lujo», en la que el sujeto hablante «desaparece en la mayor libertad, la del propio lenguaje»; sin embargo, «zonas enteras de mi experiencia, especialmente la experiencia gay, no fueron admitidas en esa utopía». Renunciando a la arcadia de la abstracción, los escritores de la Nueva Narrativa se tumbaron en la tienda de viejo de la desordenada vida en la tierra, las porosas fronteras de la subjetividad, el cotilleo, el sexo, la autobiografía, la teoría, el pop y esas cosas. «La escritura no puede eliminar las relaciones de poder y la vida mercantil»; en su lugar, la Nueva Narrativa intentó «explorar su relación con el poder y reconocer que la práctica de grupo reside dentro de la mercancía». (Killian parece recordar esa práctica de grupo invitando a un coro de personajes adyacentes a la mercancía a formar parte de su voz crítica).

«Lo que aprendimos en la Nueva Narrativa fue que no importaba lo que quisieras escribir: si era un libro de chistes o una serie de invitaciones de boda, también podía ser una novela»—declaró Killian a The Baffler en 2017. Antes de que se extrajeran de Internet, se imprimieran y se encuadernaran, sus reseñas eran específicas de cada lugar y su público principal era el posible consumidor. De ahí que esos textos sean afines a una especie de poesía de guerrilla. Killian también «torció» el sistema desde dentro. En Valuing the Unique, el sociólogo Lucien Karpik examina el «mercado de las singularidades», que a su juicio rige los bienes y servicios que se quedan por el camino en la economía neoclásica debido a sus cualidades multivalentes, inconmensurables e inciertas: novelas, películas, buen vino, médicos. Para tomar sus decisiones de compra, los consumidores de singularidades recurren a múltiples «dispositivos de juicio»: reseñas críticas, guías del consumidor, marcas, marketing, promoción. Curiosamente, «la multiplicidad de criterios de juicio no es anormal», señala, «pero ningún sistema de producción, ningún mercado, puede tolerar a un actor cuyas actualizaciones proliferantes amenazan con desbordar las posibilidades reales de producción e intercambio».

Amazon toleró a Killian —incluso le nombró entre los «Top 100» críticos durante un tiempo», pero ¿cómo habrá sido tropezar con la proliferación de actualizaciones de las voces, juicios y vuelos lúdicos de este poeta? ¿Estar buscando un DVD de Holiday (1938) y enterarse de que Killian ha instalado en su TiVo «uno de esos novedosos “quemaherpes”», que «censura cada fotograma en el que aparece Katharine de la Arrogancia? ¿Ojear el NARS Comestics’s Multiple Orgasm Set II y encontrar a un crítico pasándose brillo labial K-E-V-I-N por el antebrazo hasta sentir un «cosquilleo de belleza»? Un ejército de Killians no podría empezar a desbordar «las posibilidades reales de producción e intercambio» en Amazon, ni tampoco es ésta la tarea de la literatura. Y quizás la mayoría de sus lectores iniciales se quedaron en blanco y pulsaron «comprar». O aplastaron el botón de aprobación y siguieron hojeando. Pero quizás unos pocos, sólo unos pocos, se hayan detenido en ese lenguaje, o incluso susurrado para sus adentros: ¿Quién es esta voz? ¿Y qué hago yo/tú/él aquí?

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Sigue leyendo: Lola Seaton, ‘Good Mistakes’, NLR 146.

 

Featured image: Kevin Killian in 1979. Photo: Michael Johnson. Courtesy of affidavit.

Translated from the original in English by Rolando Prats. Sidecar on Communis is possible thanks to a collaborative partnership between Communis and New Left Review.