«A esquerda radical deveria apoiar Lula desde o primeiro turno. Por quê?», de Valério Arcary, se publicó en Esquerda Online el 3 de diciembre de 2025. Se publica en traducción al español como parte de la columna «Intervenciones» de Valério Arcary en Communis.
«Sin Lula no es posible derrotar a la extrema derecha. No hay consignas mágicas, ni «frases revolucionarias», ni «acciones ejemplares» que puedan ser un atajo a la experiencia de millones. Sin una alianza que preserve la independencia de la izquierda radical frente a la moderación reformista del PT, ni siquiera es posible ser escuchados por los más amplios sectores del pueblo. Los márgenes de riesgo de las elecciones presidenciales siguen siendo muy elevados, pues si bien las condiciones objetivas y subjetivas han evolucionado favorablemente, de ser necesaria una segunda vuelta será grande la incertidumbre.»
— Valério Arcary
Quien anda de prisa, tropieza con el suelo.
Quien camina bajo la lluvia, se moja.
Las flores huelen mejor antes de la lluvia.
Proverbios populares portugueses
1.
La izquierda radical debería apoyar a Lula desde la primera vuelta de las elecciones de 2026. El Partido Socialismo y Libertad (PSOL) es el mayor partido anticapitalista y debe hacerlo, siguiendo la misma táctica que en las elecciones de 2022, si bien esa decisión aún no se ha aprobado de manera oficial. A diferencia de 2022, cuando la decisión del PSOL de abstenerse de presentar a sus propios candidatos — cosa que hacía por primera vez en unas elecciones desde su fundación— resultó bien controvertida, lo más probable es que esta vez una decisión semejante suscite menos polémica. El PSOL no considera que su propia construcción deba ser el principal criterio que defina la táctica electoral y, en cambio, cree que será más útil construir un Frente de Izquierda con el Partido de los Trabajadores (PT) con vistas a allanar el camino hacia una situación política más favorable. El PSOL deberá, evidentemente, promover su propio programa. Apoyar a Lula no es lo mismo que silenciar toda crítica de su gestión. El PSOL no apoyó ni apoyará el Régimen Fiscal Sostenible, o Marco Fiscal, pues está en desacuerdo con sus normas. El PSOL no apoyó ni apoyará el quietismo ante el chantaje de la mayoría reaccionaria en el Congreso reaccionario, enemigo del pueblo. El PSOL no apoyó ni apoyará la explotación petrolera en la desembocadura del Amazonas; por citar sólo tres ejemplos. Pero el PSOL comprende que el principal reto al que se enfrenta la izquierda en 2026, en una situación en la que la correlación social de fuerzas nos sigue colocando, lamentablemente, a la defensiva, es impedir el regreso al poder en Brasilia del movimiento de extrema derecha que eligió a los tres gobernadores del triángulo estratégico del sudeste —Tarcísio de Freitas en São Paulo, Romeu Zema en Minas Gerais y Cláudio Castro en Río de Janeiro—, además de una mayoría reaccionaria en la Cámara de Diputados.
2.
La izquierda revolucionaria está muy fragmentada y, muy probablemente, se dispersará en diferentes candidaturas a la presidencia. Tres partidos —el Partido Socialista de los Trabajadores Unificado (PSTU), Unidad Popular y el Partido Comunista Brasileño (PCB)—, partidos todos que actúan dentro del marco jurídico establecido, ya lo hicieron en 2022 al presentar las candidaturas de Vera Lúcia, Leo Péricles y Sofia Manzano, respectivamente. Los resultados que obtuvieron fueron harto modestos, tanto entre la base social de la izquierda durante la campaña como en la votación. Hasta ahora no parece haber ninguna articulación para siquiera intentar un acercamiento mutuo. Otras organizaciones que aún no funcionan dentro de ese marco jurídico, y que se encuentran en diferentes etapas de su construcción, eligieron el campo de la oposición de izquierda al gobierno de Lula, a diferencia del PSOL, que optó por la independencia. La presentación de candidaturas propias es, evidentemente, un derecho legítimo, y obedece al cálculo de defender un programa propio y proyectar liderazgos que se beneficien de ese momento de visibilidad nacional que ofrecen las elecciones presidenciales. Pero la opción de repetir en 2026 lo que se hizo en 2022 debería imponer una evaluación de lo hecho hace cuatro años. Los espíritus rebeldes tienen prisa por cambiar el mundo. Mucho puede la fuerza de voluntad. Pero el voluntarismo no es buen consejero. Las ideas revolucionarias son poderosas y pueden poner en movimiento a millones de personas hasta ese momento desesperanzadas. Sin embargo, es imprudente ignorar la fuerza implacable de las realidades objetivas.
3.
La presentación de candidatos propios por los diferentes partidos de izquierda no debería ser un imperativo estratégico, sino una opción táctica. También el PSOL y hasta algunas de las corrientes históricas de la izquierda petista, como Articulação de Esquerda, Democracia Socialista y O Trabalho, si bien siempre desde dentro del PT, abogan por un balance crítico del mandato de Lula, con mayor o menor severidad. No obstante, ello no basta para concluir que no se debe apoyar a Lula. Presentar candidaturas en la primera vuelta tiene sentido sólo si es para criticar al gobierno de Lula. Hay razones justas para hacerlo, pero esa crítica debe presentarse dentro del campo de defensa del gobierno de Lula contra la extrema derecha, no fuera de él. El argumento de que es posible y sería más eficaz desmarcarse de Lula por la izquierda, sin menoscabar con ello la lucha contra el neofascismo, responde a una ingenua obstinación. La apuesta por el «antipetismo desde la izquierda» ya se ha puesto a prueba y ha quedado condenada a la invisibilidad. El único argumento serio para presentar candidaturas propias en la primera vuelta contra Lula es la construcción propia de cada partido, pero a nivel molecular. Esa invisibilidad se explica por tres factores objetivos y subjetivos: a) en los últimos diez años, el espacio de oposición al lulismo ha sido ocupado, no sólo entre las clases medias, sino también entre los estratos acomodados de la clase trabajadora, por el bolsonarismo, por razones diversas pero de forma inexorable; b) la experiencia de la mayoría de la clase trabajadora y del pueblo oprimido en relación con los límites del lulismo, que había avanzado hasta 2013, antes de experimentar un drástico reflujo, sigue siendo muy incompleta; c) el intento de explorar un espacio de «tercera vía» se puso a prueba por la izquierda y la derecha del lulismo —en especial, aunque no exclusivamente, por las candidaturas de Ciro Gomes— y fracasó, pues la polarización electoral responde a una polarización social real.
4.
La razón principal para apoyar a Lula, si bien no la única, es que la izquierda radical debe actuar de manera responsable. El neofascismo de Trump, Milei y Kast es el movimiento más dinámico de representación de la clase dominante en la etapa actual y su regreso al poder es la mayor amenaza para los trabajadores. Sin Lula no es posible derrotar a la extrema derecha. No hay consignas mágicas, ni «frases revolucionarias», ni «acciones ejemplares» que puedan ser un atajo a la experiencia de millones. Sin una alianza que preserve la independencia de la izquierda radical frente a la moderación reformista del PT, ni siquiera es posible ser escuchados por los más amplios sectores del pueblo. Los márgenes de riesgo de las elecciones presidenciales siguen siendo muy elevados, pues aunque las condiciones objetivas y subjetivas han evolucionado favorablemente, de ser necesaria una segunda vuelta será grande la incertidumbre. ¿Por qué? La respuesta podría resumirse en cinco factores que se han de tener en cuenta: a) porque los cambios en la vida de las masas populares han sido sólo cuantitativos, no cualitativos; b) porque la economía no lo es todo, la disputa se centra también en los valores y la visión del mundo que definen el sentido de la vida; c) porque Trump está en el poder, resuelto a proseguir su ofensiva contra América Latina, e interferirá; d) porque las campañas en defensa de la «bukelización» gozan de simpatías, como se pudo confirmar tras la operación en las comunidades de Río de Janeiro; e) porque debemos aprender de las derrotas en Bolivia, Ecuador, Argentina y, probablemente, Chile. Por si fuera poco, hay que tener en cuenta que serán elecciones generales y, si bien Lula goza de una autoridad que va más allá de la izquierda, en las elecciones a nivel de gobernadores y senadores las dificultades serán mucho mayores, especialmente en el sudeste, el sur, el norte y el centro-oeste, mientras que las elecciones a diputados suelen ser mucho más personalizadas y despolitizadas.
5.
Hay cinco buenas razones para apostar por la reelección de Lula: a) la reducción del desempleo, a pesar de la desaceleración; la reducción de la inflación, a pesar de la previsible caída de las exportaciones a Estados Unidos; el aumento del consumo popular, a pesar de las tasas de interés reales más altas del mundo; la reducción de la pobreza extrema y, lo que no es menos importante, la exención del impuesto sobre la renta para quienes perciben hasta cinco mil reales. son cinco procesos positivos que estarán en juego al final del actual mandato; b) el giro a la izquierda del gobierno tras la derrota en la votación por el aumento de los impuestos sobre las transacciones financieras, aunque limitado a respuestas tardías ante la propuesta de enmienda constitucional y la aprobación de la Amnistía en la Cámara de Diputados, favoreció el 21 de septiembre la mayor movilización de masas desde 2022, incidiendo en la correlación política de fuerzas; c) la evolución de las encuestas de opinión señala un aumento de la aprobación del gobierno desde mediados de 2025, a pesar de oscilaciones recientes; d) el resultado del juicio a los golpistas, con la condena de Bolsonaro y sus generales más allegados, ha producido un debilitamiento de la extrema derecha y confusión en la articulación de una unidad de la oposición. Lula debe ganar. Ese debe ser nuestro compromiso. Pero en el horizonte posterior a 2026 se vislumbra también una disputa debido a la previsible crisis del ciclo lulista, crisis que no es lo mismo que su fin. A grandes rasgos, podemos considerar cuatro hipótesis. Tres regresivas y una progresista: a) el ala derecha del PT se divide contra el núcleo central lulista, liderada por Washington Quaquá u otros, como ocurrió con el giro del Partido Social Democrático contra el Partido Laborista Brasileño de Leonel Brizola al final del ciclo varguista; b) el PT no se divide como ocurrió con el peronismo en Argentina, pero se sume en la decadencia como en el caso del poskirchnerismo; c) el PT se desintegra, como le ocurrió al PCB tras el ascenso del PT en los años ochenta; d) el ala izquierda del PT se divide, como hizo Mariguella al final del ciclo del PCB, tras la Revolución cubana. Lo que es seguro es que el mañana de la izquierda brasileña comienza hoy.
Featured image: Brazilian President Luiz Inacio Lula da Silva said he plans to run for a fourth term in the 2026 election without making his bid for reelection contingent on his health, 23 October 2025. Photo: Andre Borges/Bloomberg
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Translated from the original in Portuguese by Rolando Prats.





