Hay una escena en El Padrino II en la que Michael Corleone, en su auto con chofer, recorre las calles de La Habana. Por una vez, ignora por completo la historia como proceso y como destino. Historias con «h» minúscula y con «H» mayúscula. Estamos en 1958, en vísperas de Año Nuevo, y al régimen de Batista le quedan sólo 24 horas.
Michael no sabe nada de Cuba. Su idea de la política, a no dudarlo, le viene de Maquiavelo —«a tus amigos, mantenlos cerca; y a tus enemigos, más cerca todavía»—, pero se confina a la familia, la omertà (o código de honor siciliano), el soborno y la extorsión; lo cual viene todo a ser lo mismo en la jerga de la mafia. Familia con «F» mayúscula. Michael no piensa sino en la Familia y en el fallido atentado en contra suya, pues sólo si deshace ese misterio podrá reafirmar su poder. ¿Qué poder? ¿Ostentan realmente algún poder los seres humanos? Es ese el misterio —y la maldición— de la Familia. La pregunta da en el corazón mismo de todas las grandes tragedias. Al deshacer el misterio, te deshaces a ti mismo. La Familia se deshace. La identidad se deshace.
La comitiva de Michael llega a un puesto de control militar donde se está cateando contra la pared a un grupo de presuntos rebeldes o simpatizantes suyos. De repente, uno de ellos logra zafarse del grupo y detonar una bomba, que lo mata al instante y, junto con él, a un oficial de alto rango. Por primera y única vez en la película, a Michael se le cae la venda de los ojos. Ahora se verá obligado a mirarle a la gente a la cara, devolverles la mirada, reconocer el espacio que ocupa un cuerpo y el tejido de la ropa que lo cubre, el trivial empleo con que se gana el sustento, su vida y sus amores, y el tiempo que todo lo gobierna y que se está agotando.
Oh, luz, déjame mirarte por última vez…
Al llegar a la villa de Hyman Roth, Michael lo aparta y le cuenta la experiencia que ha acabado de tener, la gran maravilla que viene de presenciar. A Cuba la gobierna una banda de mercenarios. Trabajan por dinero. ¿Cómo puede el régimen derrotar a unos rebeldes que rechazan el dinero, los sobornos, rechazan a la Familia, y que están dispuestos a morir por una idea? «No son más que unos estúpidos matones»—responde Roth.
Roth es un personaje de novela negra en su forma moderna más que posmoderna, más cerca de Agatha Christie o de Conan Doyle que de las formas contemporáneas del género. Así de pintoresco y romántico resulta su personaje. Caído Batista, y temeroso de que Michael quiera vengarse de él, Roth huye de Estados Unidos a Israel, donde se propone radicarse al amparo de la Ley del Retorno, ¡sólo para terminar viendo cómo su solicitud es rechazada por la Corte Suprema de Israel debido a sus condenas penales anteriores!
La historia es un proceso sin sujeto ni meta final. El error de Roth es creer en ambos. Pero ni él ni Batista son sujetos en el poder. Apenas interpelaciones imaginarias. En cuanto a la historia, es un enigma rebelde, un álgebra revolucionaria, que tal vez jamás se resuelva, ni en Cuba ni en ningún otro lugar.
«Somos más grandes que US Steel»—le dice un jactancioso Roth a Michael en la villa, ajeno al drama que transcurre, allá afuera, en las calles de La Habana. Podemos comprarlo todo. Podemos comprar los casinos y comprar al estúpido gobierno, la tierra y a sus perezosos habitantes. Y cuando en nuestro país se pongan a investigar, también podremos comprar a nuestro gobierno (en la película, el senador que preside las audiencias del comité que investiga a la mafia está en la nómina de Roth). Pero Michael sabe que lo de Roth es puro alarde. Michael sabe que la historia no va a ningún lugar y que nadie la controla. ¿Más grande que US Steel? No lo suficientemente grande, no para lo que se avecina.
Pero la historia también es Historia. Por muy imaginaria que parezca, no deja de ser real. Michael no puede escapar de su pasado. Su única vía de escape será el exilio que se imponga a sí mismo alienando por completo a su propia familia. El divorcio de su esposa. El asesinato de su hermano. Tal es la maldición de la familia. La maldición del dinero. Terminará sus días como una voz y nada más. Mera apariencia, espectáculo del poder. Il Duce encerrado en un complejo militar, lejos de aquellos a quienes presuntamente gobierna, y quienes —si se les presentara la más mínima oportunidad— le quitarían sus posesiones y lo harían pedazos. Fade to Black.
Featured image: Members and sympathizers of Fidel Castro’s Rebel Army entering Santa Clara (Cuba) on top of a tank taken from Batista’s army. 1959. Photo: Burt Glinn / Magnum Photos.
Translated from the English original by Rolando Prats.





