«Familiarism: Archaic Futurism of Radical Conservatives and Latin-American Specters», de Natalia Romé, apareció originalmente en Crisis and Critique, Volumen 11, Número 1, 2024, «The Nouveau Right», el 16 de julio de 2024. El texto que se publica ahora tiene como base el original inédito en español, revisado y adaptado tomando como referencia su traducción al inglés para Crisis and Critique.

“La revelación del rostro posdictatorial de la utopía de la globalización es el síntoma más claro de la actual crisis de reproducción del capital, cuya expansión tiene lugar desde las periferias hacia los países centrales. Se trata de una coyuntura que podríamos caracterizar como «periferización del mundo» y que se manifiesta en formas de feminización del trabajo, precarización de la vida y primitivización de los vínculos sociales bajo nuevas lógicas de racialización y domesticación que destruyen las coordenadas con las que el capitalismo moderno imaginaba el espacio público y las relaciones entre lo público y lo privado, la naturaleza y la cultura, cultos y plebeyos.”
— Natalia Romé

Familiarismo: futurismo arcaico de los conservadores radicales y espectros feministas latinoamericanos

Resumen: Hoy es visible una renovada alianza entre neoliberalismo y conservadurismo, particularmente en los discursos reaccionarios contra la llamada «ideología de género». Una renovada moral familiarista ocupa una vez más el primer plano de los antagonismos políticos y los discursos públicos. Sin embargo, esos fenómenos que hoy vemos aparecer deben inscribirse en una larga y compleja genealogía en la que se anudan tres tendencias: 1) Los avances del capital en sus esfuerzos por subsumir, contra toda forma de organización obrera y popular el trabajo (remunerado y no remunerado) y la concomitante lucha de clases; 2) Esos avances a nivel mundial se acoplan con antiguas trazas coloniales y, por tanto, requieren del reforzamiento del racismo y del colonialismo. Ello, sin embargo, no deberá concebirse en términos de una «reminiscencia» de formas de vida precapitalistas o premodernas, sino como el efecto necesario de la reproducción capitalista en sus renovadamente no-capitalistas «periferias»; 3) Las formas de trabajo subsalarial, esclavista neocolonial y reproductivo no remunerado constituyen el punto de convergencia de los procesos históricos de racialización y generización de sectores poblacionales marginalizados (aunque masivos), al servicio de la reproducción ampliada del capital a escala mundial.

Dentro de esa confluencia, en el retorno de la moral familiarista debe verse tanto una estrategia renovada del capital —sobre todo a partir de los procesos dictatoriales de los años setenta— como una señal de su actual crisis sistémica, que adquiere la forma de una periferización del mundo y una expansión de la cultura posdictatorial desde las periferias hacia los llamados países centrales.

Esto nos permite comprender el papel estratégico y particularmente sensible que tienen por delante los movimientos feministas en América Latina y entender también por qué son blanco de los ataques de las vanguardias derechistas internacionales.

Palabras claves: reproducción social, posdictadura, feminismo latinoamericano, familiarismo

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Hoy se percibe a las claras una renovada alianza entre neoliberalismo y conservadurismo, particularmente en los discursos reaccionarios contra la llamada «ideología de género»[i]; alianza en la que posiciones ultraliberales autodenominadas «libertarias» se amalgaman con tradicionales formas discursivas provenientes de la moral conservadora antiliberal[ii].

De modo que podría decirse que una renovada moral familiarista ocupa el primer plano de los antagonismos políticos y los discursos públicos y constituye el campo de un renovado encuentro entre las derechas liberales y los discursos moralizantes y ultraconservadores más tradicionales (Collazo y Pulleiro, 2019; Anzorena, 2009; Schuster, 2018; Verbal, 2022). Por original que semejante alianza pueda antojarse en ciertas regiones, cabría recordar, sin embargo —como recientemente lo ha hecho David Pavón Cuellar (2018)—, que, en América Latina, la alianza entre tendencias modernizantes de corte liberal o incluso ultraliberal, especialmente en lo económico, y posiciones extremadamente conservadoras y antidemocráticas en términos políticos, morales y culturales, tiene más de un siglo.

A modo de ilustración podríamos recordar que, en México, desde 1913, la Unión Católica Mexicana contribuyó con cuadros políticos a la causa antirrevolucionaria. En Argentina, en 1919, se crea la Liga Patriótica, organización paraestatal formada por los herederos de sectores acomodados para perseguir a inmigrantes sospechosos de participar en procesos de organización de los trabajadores, y especialmente de los de filiación anarquista, provenientes de la convulsionada Italia o deportados tras la experiencia de la Comuna de Paris. En no pocos casos, los mismos representantes del campo intelectual que una década antes propugnaban una modernización liberal de las sociedades latinoamericanas terminaron adoptando posiciones conservadoras de corte segregacionista e incluso xenófobo. En los años treinta, agrupaciones conservadoras de corte nacionalista e inspiración hispanista de diversos países de la región se nutrieron del ideario del falangismo español, con distintos grados de incidencia en la escena política y cultural. En otros, durante ese período, se registraron distanciamientos y contradicciones internas en la alianza liberal-conservadora. Poco después y desde la posguerra, las intervenciones de unos y otros vuelven a confluir, al alinearse sus perfiles con el ideario anticomunista propio de la Guerra Fría.

En resumen, podría decirse que ese tipo de manifestaciones en ningún caso salieron de escena y que, de hecho, tuvieron una fuerte gravitación durante las dictaduras militares que marcaron a la región durante la segunda mitad de siglo[iii]. A ese respecto, cabe recordar a las organizaciones contrarrevolucionarias de distintos países del continente que participaron activamente en acciones desplegadas en el marco del Plan Cóndor y en diversas formas de terrorismo de Estado, en calidad de fuerzas paramilitares, en los servicios de inteligencia o como ideólogos en medios de comunicación, ámbitos educativos, culturales y universidades: Bandeirantes en Brasil, la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), los llamados Caza Tupamaros en Uruguay, la Acción Patriótica en Colombia, Mano Blanca en Guatemala, entre otros ejemplos, son algunos de sus exponentes.

El presente trabajo no tiene como objetivo historizar esas trayectorias concretas. Una historia de los procesos que confluyen en diferentes momentos del siglo XX en esa articulación entre fracciones heterogéneas de los sectores dominantes exige un análisis genealógico que contemple diversas historicidades articuladas de modo sobredeterminado, a fin de identificar determinaciones específicas propias de cada coyuntura y de cada país. Sin embargo, sí es de interés reconocer en términos un poco más globales o abstractos, una singularidad común que es propia de la periferia capitalista latinoamericana y que recorre las formas específicas de cada coyuntura. Ello obliga a considerar aspectos de orden más estructural para comprender los resortes de la confluencia contradictoria entre fuerzas liberal-modernizadoras y fuerzas ultraconservadoras e incluso antiliberales. Dilucidar esa dimensión estructural de la articulación contradictoria entre tendencias liberalizadoras y tendencias antiliberales resulta clave para dimensionar la actual coyuntura de embates antifeministas en nuestra región.

Para decirlo en pocas palabras, los procesos de liberalización requeridos e impulsados por la reproducción ampliada del capital, especialmente en sus formas imperialistas, coinciden en dejar expuesta su matriz contradictoria bajo la forma de limites internos a la propia tendencia liberal-modernizadora que, a la vez, requiere y alimenta relaciones sociales racistas y una moral antiliberal de corte conservador-heteropatriarcal.

En un sentido amplio y no economicista, cabe vincular esta encrucijada a aquella otra bien conocida tal como la describiera Gunder Frank, cuando sostenía que:

… la investigación histórica demuestra que el subdesarrollo contemporáneo es, en gran medida, el producto histórico de la economía pasada y actual y de otras relaciones entre los países satélites subdesarrollados y los actuales países metropolitanos desarrollados. Es más, esas relaciones son parte esencial de la estructura y el desarrollo del sistema capitalista a escala mundial en su conjunto (Gunder Frank, 1967, p. 160 [Se ha modificado la traducción — N. del T.]

Esa idea, ya clásica en estudios sobre la dependencia y en el campo más amplio del marxismo latinoamericano, puede ponerse a prueba a fin de explorar la renovación en curso de la alianza liberal-conservadora en la región, especialmente a propósito del activismo antifeminista, para mostrar en qué medida los impulsos de idearios regresivos y antiliberales confluyen en la actual estrategia de reproducción del capital.

Tal como la concibe David Harvey (2007), esa estrategia apunta a un nuevo régimen de reproducción caracterizado por formas de desposesión violenta y, a juicio de algunas teóricas feministas, a un resurgimiento de procesos neocoloniales de acumulación originaria (Federici, 2010).

En ese marco, enfocarse en la cuestión de la paradójica coincidencia de tendencias liberalizadoras y ultraconservadoras en la historia de América Latina permite comprender la actualidad del llamado «giro conservador», «punitivo» (Davies, 2016) o «neocolonial» (Federici, 2010) del capitalismo neoliberal global y situar en él —bajo la forma de un furioso activismo antifeminista— la reanudación de una alianza enraizada en sus estructurales dinámicas expansivas de reproducción, como tempranamente señalara Rosa Luxemburg ([1913] 2012).

No obstante, ello conlleva varias consecuencias nada desdeñables. La primera, que aquello que diversos teóricos provenientes de países centrales conciben como un rasgo propio de una etapa tardía de la neoliberalización del capitalismo —me refiero concretamente a la emergencia de discursos antidemocráticos que se oponen al ideario liberal clásico de los derechos civiles e individuales (Brown, 2020)— tiene en América Latina una historia tan extensa como su nombre mismo. Lo cual nos obliga a preguntarnos si acaso no será preciso invertir, al menos por una vez, las lógicas epistémicas que tienden a ver en la producción teórica y analítica de los países centrales la producción de una conceptualidad «general» aplicable a los «casos particulares» que ofrecen las regiones periféricas. Así lo creemos. La cuestión que nos incumbe nos exige que partamos de una elaboración teórica que se interrogue sobre las formas adquiridas por la reproducción del capital en las zonas «marginales», para comprender el carácter contradictoriamente antiliberal, antidemocrático, racista y semiesclavista del capitalismo moderno «en general» y del neoliberalismo en particular.

La segunda consecuencia, planteada en esos términos la cuestión, estriba en la falta de valor epistémico y de rigurosidad analítica que tiene preguntarse por lo inédito de las tendencias antifeministas de la llamada «nueva» derecha, pues en las regiones periféricas, los procesos de subsunción tendencial de las relaciones sociales no capitalistas a la lógica de reproducción del capital han reclamado desde sus comienzos formas no capitalistas de represión política, así como formas no salariales o subsalariales de explotación económica, y se han apoyado en idearios racistas, segregacionistas, antiigualitarios y antidemocráticos que lejos están de suscribir la ideología jurídico-política de los Estados burgueses de los países centrales (Grüner, 2010; Tristán, 2022; Federici, 2010). En esas regiones del capitalismo global, la «nueva derecha» nunca ha sido nueva.

Ello quiere decir que los fenómenos que hoy vemos aparecer una vez más bajo la forma de esa alianza entre referentes de las ultraderechas confesionales, espacios políticos conservadores, negacionistas y partidarios de las dictaduras de los setenta y del régimen franquista con representantes que se presentan como hombres jóvenes, personal de organizaciones no gubernamentales, legisladores, miembros de fundaciones, incluso influencers en las redes[iv], debe inscribirse en una larga y compleja genealogía que marca la singular historia de nuestro continente, pero que se debe tomar en consideración para comprender los procesos globales de reproducción ampliada del capital.

En esa alianza vemos claramente cómo se anudan tres tendencias:

1) Los avances del capital en sus esfuerzos por subsumir, contra toda forma de organización obrera y popular, el trabajo (remunerado y no remunerado) y la concomitante lucha de clases.

2) Esos avances a nivel mundial se acoplan con antiguas trazas coloniales y, por tanto, requieren del reforzamiento del racismo y del colonialismo. Ello, sin embargo, no deberá concebirse en términos de una reminiscencia de formas de vida precapitalistas o premodernas, sino como el efecto necesario de la reproducción capitalista en sus renovadamente no capitalistas «periferias».

3) Por último, esa alianza capitalista-racista tiene un punto de apoyo fundamental en la moral familiarista, en la desigualdad de género y en la producción y reproducción de las relaciones heteropatriarcales. Las formas de trabajo subsalarial, esclavista neocolonial y reproductivo no remunerado constituyen el punto de convergencia de los procesos históricos de racialización y generización de sectores poblacionales marginalizados (aunque masivos), al servicio de la reproducción ampliada del capital en todo el mundo.

Si, desde el feminismo latinoamericano, convenimos en pensar el subdesarrollo como efecto del desarrollo, deberíamos también sospechar de toda primitivización de las relaciones patriarcales como «supervivencias» de relaciones premodernas y preguntarnos por la producción activa de esas relaciones llamadas primitivas en el marco de las transformaciones del capitalismo global. Lo cual arroja otra luz sobre el recrudecimiento de la moral familiarista en nuestra región y la reaparición del segregacionismo racial.

Esa articulación sobredeterminada de las opresiones, desigualdades y jerarquías de género, raza y clase se vuelve especialmente palpable a lo largo de la historia latinoamericana. Y es en relación con ello que podemos comprender el papel estratégico y particularmente sensible que tienen por delante los movimientos feministas de la región y comprender también por qué se han convertido en blanco del ataque de las vanguardias derechistas internacionales; por qué los referentes de las llamadas nuevas derechas, trátese de sectores confesionales tradicionales o de nuevos líderes de opinión, han consagrado y siguen consagrando tantos esfuerzos a evitar u obstaculizar la conquista del derecho a la interrupción del embarazo en diversos países o la consolidación de formas educativas atentas a la salud sexual y reproductiva.

Familia y capitalismo

La teoría feminista es una pieza clave para comprender que la alianza entre conservadurismo y liberalismo no reviste un carácter de novedad coyuntural. Tal como subraya Melinda Cooper en Family Values: Between Neoliberalism and the New Social Conservatism (2017, p. 17), la «cuestión de la familia» ofrece un terreno privilegiado para abordar los procesos de alianza aparentemente paradójica entre fuerzas «liberales» y «conservadoras» desde hace más de un siglo. A ese respecto, Cooper retoma la idea de Reva Siegel según la cual la historia jurídica de la familia moderna puede entenderse, antes que como una liberalización progresiva, como un proceso de preservación a través de la transformación, en el que género y jerarquías generacionales se reestablecen bajo estructuras jurídicas nuevas, quizás más democráticas, aunque no menos implacables.

Ahora bien, tal como hemos señalado en el apartado anterior, un acercamiento a las transformaciones históricas que se sitúe en la periferia capitalista nos exige interrogar críticamente las rémoras de la filosofía eurocéntrica sobre el tiempo que se pasa de contrabando en la atribución del carácter de «supervivencias» a las relaciones sociales no inmediatamente capitalistas, cuando se piensa la convivencia de tendencias «progresivas» (modernizadoras) y tendencias a la «conservación» de lo antiguo.

Si, desde el feminismo latinoamericano, aceptamos la propuesta de pensar el subdesarrollo como efecto del desarrollo, deberíamos también sospechar de toda primitivización de las relaciones patriarcales como «supervivencias» de relaciones premodernas y, en cambio, preguntarnos por la producción activa de esas relaciones llamadas primitivas en el marco de las transformaciones del capitalismo global. Para decirlo de otro modo, desde América Latina podemos pensar los procesos de primitivización como procesos enmarcados en la reproducción ampliada del capital. Y ello arroja una luz diferente sobre el actual recrudecimiento de la moral familiarista en nuestra región, así como sobre la reaparición del segregacionismo racial.

El familiarismo neoliberal pensado desde sus márgenes

Partiendo de un enfoque descentrado de las relaciones entre clase, raza y género como el que aquí se propone, puede abordarse de un modo complejo el movimiento de transformación del capitalismo en sus diversos momentos.

De ese modo, podemos reexaminar el proceso de transición de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa, acontecido hacia fines del siglo XIX, resultante de la limitación de la jornada laboral y del surgimiento de la noción de productividad. Ese proceso, como ha mostrado Silvia Federici, tiene un fuerte impacto en el surgimiento de la figura del ama de casa proletaria y la separación entre trabajo productivo y reproductivo. Pero esto no es todo: en el mismo momento en que se consolida la relación (invisible) entre trabajo remunerado y no remunerado bajo la forma de la división sexo-genérica del trabajo, también se consolidan nuevos repartos imperialistas del mundo que traen consigo otras formas de trabajo excedente no remunerado subsumido formalmente al capital en el marco de la división internacional del trabajo. Formas de trabajo semiesclavo que se consideran propias de países que a su vez se consideran «subdesarrollados», cuyas relaciones no-capitalistas, en coexistencia necesaria con la reproducción ampliada del capital, complejizan la temporalidad del sistema mundo capitalista.

Ello nos lleva a considerar la sobredeterminación de la división sexogenérica del trabajo por la división internacional del trabajo y advertir que, sea lo que sea el «ama de casa» o la «madre de familia», esta no ha de pensarse como una figura homogénea entre países centrales y periféricos; algo de lo cual las feministas negras nos advirtieron desde temprano. Pero que incluso encontramos mucho antes en las memorias de Flora Tristán sobre su visita al Perú decimonónico (2022).

La «supervivencia» de relaciones heteropatriarcales conservadoras responde a una temporalidad compleja y descentrada y, a la vez, subordinada a la contradicción temporal del «desarrollo del subdesarrollo». Los vínculos entre capitalismo y patriarcado no son contemporáneos, sino que están estructuralmente dislocados en relación con los vínculos entre capitalismo y racismo.

Lo que interesa subrayar en este caso es que la «supervivencia» de relaciones heteropatriarcales conservadoras responde a una temporalidad compleja y descentrada, toda vez que se encuentra subordinada a la contradicción temporal del «desarrollo del subdesarrollo». En ese sentido, los vínculos entre capitalismo y patriarcado no son contemporáneos, sino que están estructuralmente dislocados en relación con los vínculos entre capitalismo y racismo. Dicho de otro modo, en la periferia capitalista, la división sexo-genérica del trabajo se encuentra modulada por la división internacional del trabajo, de forma tal que los procesos de generización y racialización se afectan mutuamente, en sus vínculos con la estrategia de reproducción ampliada del capital sobre zonas de producción y reproducción social no capitalistas, tendencialmente subordinadas a la posición dominante de las relaciones de producción capitalistas.

Por último, esa organización del problema nos permite regresar de otro modo sobre las transformaciones ocurridas en el marco de los procesos de neoliberalización del capitalismo para interrogar las causas del retorno de la moral familiarista en su coyuntura y el papel estratégico diferencial de esos procesos de derechización en América Latina.

Lo primero que debe considerarse es que la actualización de la «cuestión familiar» se encuentra asociada con la reformulación de la cuestión de la Naturaleza Humana que cada crisis de reproducción del capitalismo ha conllevado. Testimonio de ello es la atención prestada por Gary Becker, Premio Nobel de economía de 1992, aclamado teórico neoliberal, autor de El capital humano (1984), a la llamada «economía doméstica» en su Tratado sobre la familia (1987).

Melinda Cooper (2017) encuentra en Becker las marcas de la alianza entre neoliberalismo y moral familiarista conservadora que permite pensar la trama constitutiva del bloque histórico neoliberal.

El interés de Becker en la reelaboración de una teoría económica que tome en consideración lo que con Nancy Fraser podríamos caracterizar como el nuevo «régimen de reproducción» con dos salarios (2015) tiene como base la reformulación de las relaciones intrafamiliares para la teoría económica; se trata, como advierte el autor, de la consideración económica de los aspectos colaborativos y conflictivos de los vínculos de pareja y filiación. No podemos dejar de leer en esa preocupación de un economista de la Escuela de Chicago por los divorcios, la planificación de la natalidad, la anticoncepción, etc., los rastros de una estrategia del capital que está orientada a comprender y dirimir en sus términos las nuevas formas familiares, herederas de transformaciones significativas en el campo de la sexualidad posterior al cisma cultural de la década de los sesenta en Occidente. Pero hay algo más: una lectura desde una perspectiva situada en nuestros países periféricos nos exige prestar atención al tratamiento diferencial de la «forma familia» que dicha estrategia supone y que se deja leer en algunos pasajes de los estudios de Becker. Dicho de otro modo, la moral familiarista reimpulsada por el capital a escala global en el marco de la consolidación de un nuevo régimen de reproducción coincidente con el capitalismo tardío no se da de manera uniforme en los países centrales y periféricos.

Al leer el libro de Becker desde una perspectiva periférica, encontramos que sus estudios económicos no sólo economizan las relaciones familiares al descartar la teoría clásica de un único ingreso por hogar, lo que lo lleva a atender a las diferencias sexo-genéricas en el interior del espacio doméstico. Becker, además, introduce variables como «hijos de calidad» o «hijos en cantidad» para cuantificar las estrategias de planificación familiar diferencial entre familias de países ricos y familias de países pobres.

Ese enfoque diferencial, que se formula conceptualmente en la teoría económica de Becker es rastreado en una serie de procesos históricos concretos en Patriarcado y acumulación a escala mundial, de María Mies (2019). En ese estudio, Mies presta especial atención a las estrategias diferenciadas del capital en materia reproductiva y al modo en que, bajo la misma idea de «modernización» social, se trazan a principios de los años setenta una serie de políticas de liberalización de las relaciones reproductivas en países centrales mientras que se refuerzan (o producen) las formas patriarcales «tradicionales» en países periféricos, a fin de asegurar a través de las ideas de domesticidad la precarización de las condiciones de contratación.

Se plantea, por tanto, una compleja cuestión de índole estratégica en torno a las posibilidades y los límites de los procesos de internacionalismo a la hora de considerar, tal como muestra Mies, la forma en que las denominadas organizaciones del tercer sector de los países centrales, dedicadas a «empoderar» a las mujeres africanas, asiáticas o latinoamericanas mediante microcréditos destinados a la manufactura tradicional de corte artesanal o la producción agrícola, desempeñaron un papel clave en esas estrategias de reproducción del capital. Consideradas actividades realizadas por «madres de familia», se pudo así legitimar su precarización. En el análisis de George Caffentzis (2013), la precarización de ciertas formas de trabajo —según nuestros términos, su primitivización activamente producida— restaura formas de plusvalía absoluta en el siglo XXI y es correlativa de la aparición de una nueva forma de plusvalía que Caffentzis denomina «plusvalía por transferencia» y que se basa en la capacidad de ciertas fracciones del capital para parasitar la plusvalía de otras a las que subalterniza y pauperiza. Esa subalternización de las fracciones productivas del capital responde a una necesidad de reproducción global del capitalismo. El autor reconoce esa lógica especialmente en el capital asociado a la extracción y producción de energía, pero sin duda también actúa en el capital financiero y en el propio capital de la tecnología comunicacional y digital, que comparten con el primero la misma capacidad de transversalizar los procesos económicos y sociales.

Las vanguardias del capital sueñan con sustituir gran parte de la fuerza de trabajo, a la vez que ensayan sus renovadas leyes de población —que implican políticas familiaristas, gestión biológica, teorías metafísicas sobre la condición humana, manipulación de la frontera entre naturaleza y cultura y todo lo que esté a su alcance— para articular nuevos regímenes de división técnica del trabajo con nuevos regímenes de reproducción de la vida.

Si partimos de las coordenadas teóricas y analíticas que aquí propongo, es posible reconocer el papel diferencial que adoptan las relaciones de solidaridad entre la neoliberalización del capitalismo y la restitución del familiarismo en sus zonas periféricas, lo cual nos lleva a considerar las formas contemporáneas de violencia —y especialmente la violencia patriarcal en la periferia capitalista— como síntoma de la conjunción de crisis diversas con temporalidades heterogéneas: 1) la crisis del reparto imperialista del mundo agonizante pero vigente desde fines del siglo XIX, cuando el paso de formas de plusvalía absoluta a formas de plusvalía relativa coincidió con el establecimiento de divisiones internas en el campo del trabajo productivo y la marginalización y subalternización de importantes zonas de la economía (periférica y domestica) bajo formas de explotación subsalariales; 2) La crisis del régimen específico de reproducción ensayado desde la década de los setenta en el marco de la expansión homogeneizadora y sin trabas del sistema mundial capitalista, bajo la utopía globalizadora. Esa crisis coincide no solamente con una renovada expansión de formas de plusvalía absoluta —algo que contradice las lecturas evolucionistas de la expansión del capital—, sino además con la aparición de nuevas formas de «plusvalía por transferencia» que jerarquizan y subordinan unas fracciones del capital a otras (2020, pp. 69-70). En lo que atañe a la cuestión de la reproducción, una vez más, las vanguardias del capital sueñan con la sustitución de gran parte de la fuerza de trabajo, esta vez por medio de avances tecnológicos basados en algoritmos e inteligencia artificial, mientras ensayan sus renovadas leyes de población — que implican políticas familiaristas, gestión biológica, teorías metafísicas sobre la condición humana, manipulación de la frontera entre naturaleza y cultura y todo lo que esté a su alcance—  para articular nuevos regímenes de división técnica del trabajo con renovados regímenes de reproducción  de la vida.

De ese diagnóstico podemos extraer algunas conclusiones. En primer lugar, nos permite pensar el momento actual como uno de crisis sistémica antes que de guerra total. No se trata de negar la existencia de guerras actuales o la posibilidad de guerras futuras, sino de considerarlas síntoma de un colapso más que de una victoria del capital.

En segundo lugar, nos permite evitar que encontremos en toda resistencia al feminismo, ya sea deliberada o no, la expresión de un «enemigo» (único, homogéneo y anterior a la disputa). Y, en cambio, empezar a pensar que las posiciones en la batalla son efecto de composiciones que se dan en múltiples niveles en que se articulan resortes heterogéneos. Esto se debe a que las relaciones entre capitalismo, patriarcado y racismo no pueden considerarse «relaciones abstractas en general», sino que deben situarse en coyunturas específicas en las que existen relaciones de articulación sobredeterminadas, es decir, relaciones concretas de combinación, jerarquía y contradicción. El análisis político de la situación concreta nos permite así ir más allá de la clásica controversia sobre la delimitación del «enemigo principal» para abrazar la idea de la lucha como un proceso sobredeterminado de composición cuya estrategia no se puede trazar en abstracto o de modo general en términos de una lógica binaria amigo-enemigo, sino que requiere una intelección analítica y estratégica en torno a alianzas tácticas y obstáculos.

En tercer lugar, pensar los aspectos estratégicos de la lucha, bajo condiciones de complejidad estructural como las que caracterizan a las formaciones sociales dependientes, nos ofrece una incomparable oportunidad de producir un salto epistemológico en el campo del pensamiento crítico que se revela políticamente estratégico y sin el cual, me atrevería a decir, el pensamiento de izquierda permanece cautivo de las categorías analíticas del siglo XX, mientras que las vanguardias de la derecha global ya han lanzado su programa de imaginación política para el siglo XXI. En ese sentido, la larga tradición de estudios críticos latinoamericanos, africanos y asiáticos puede dar lugar a una serie de consideraciones que suponga un desafío a esquemas eurocéntricos como modelos puros para el pensamiento teórico y político. Pero, fundamentalmente, nos permite poner en juego en los análisis y diagnósticos, y no sólo en cuanto títulos o intenciones, una perspectiva históricamente articulada de las opresiones que aúne en relación virtuosa la descripción de los efectos y la interrogación por las causas.

Por último, la movilización de una perspectiva desde los márgenes con pretensiones de universalidad puede arrojar nueva luz sobre procesos globales y mostrar que, así como la moral familiarista hace reentrada en el marco de las políticas culturales de las dictaduras latinoamericanas del sur (Rodríguez, 2009), quebrando tendencias liberalizadoras en las relaciones sexogenéricas de la década anterior, al mismo tiempo que desplegando su violencia contrarrevolucionaria contra el Tercer Mundo y las luchas de liberación nacional, también puede considerarse un eje fundamental de la reproducción del capital en el marco del neoliberalismo. Propongo llamar a esa tendencia «cultura posdictatorial» y considerarla un eje fundamental de la reproducción del capital en el marco del neoliberalismo. La revelación del rostro posdictatorial de la utopía de la globalización es el síntoma más claro de la actual crisis de reproducción del capital, cuya expansión tiene lugar (contrariamente a lo que se suele pensar) desde las periferias hacia los países centrales. Se trata de una coyuntura que podríamos caracterizar como la «periferización del mundo» y que se manifiesta en formas de feminización del trabajo, precarización de la vida y primitivización de los vínculos sociales bajo nuevas lógicas de racialización y domesticación que destruyen las coordenadas con las que el capitalismo moderno imaginaba el espacio público y las relaciones entre lo público y lo privado, la naturaleza y la cultura, cultos y plebeyos.

Ello nos permite comprender el carácter estratégico de las luchas feministas en las periferias capitalistas como una causa de incumbencia global y un hermoso aquelarre de espectros.

Notas

[1] La expresión «ideología de género» puede encontrarse en lugares como el Lexicón: Términos ambiguos y discutidos sobre la vida familiar y la cuestión ética (2003), prologado por el cardenal López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia. En ese volumen, la entrada correspondiente a «género» fue escrita por la teóloga Jutta Burggraf, quien señala una afinidad «entre la ideología de género y una ‘antropología individualista del neoliberalismo radical’”, susceptible de remontarse desde los aportes de Judith Butler hasta Engels, Simone de Beauvoir y la Escuela de Frankfurt y localizar en la naturaleza humana y en la familia en cuanto núcleo de la reproducción heteronormada el blanco de la amenaza ideológica (Gago, 2019, pp. 211-212).

[2] En ese sentido, basta recordar un breve fragmento del discurso antiliberal pronunciado por el líder húngaro Viktor Orbán el 22 de julio de 2023 en la Universidad de Verano de Bálványos, Transilvania: «Las constituciones liberales no describen un mundo de apego, sino de desafección; no buscan afirmar algo, sino rechazar algo, en nombre de la libertad individual. En nuestra Constitución, sin embargo, se afirma que el lugar donde vivirán nuestros hijos es nuestra patria. Se afirman nuestras identidades como hombres y mujeres, pues es a eso que llamamos familia. Se afirman también nuestras fronteras porque, así, podemos decir con quién queremos vivir. Cuando, en 2011, creamos la nueva Constitución —una constitución húngara, nacional, cristiana, diferente de otras constituciones europeas—, no adoptamos una mala decisión. De hecho, digamos que no sólo no tomamos la decisión equivocada, sino que tomamos la decisión correcta, pues desde entonces nos hemos visto acosados por la crisis migratoria, que, claramente, no puede abordarse sobre una base liberal. Y, luego, tenemos una ofensiva LGBTQ+, de género, y resulta que puede repelerse sólo sobre la base de la comunidad y de la protección de la infancia.» (Roger-Lacan 2023).

[3] Si bien los procesos autoritarios y represivos de los años setenta tuvieron como motivación y efecto procesos de «modernización» ultraliberal de las sociedades latinoamericanas, por involucrar reestructuraciones profundas de las relaciones económicas que en gran medida se anticiparon a las tendencias globales de neoliberalización del capitalismo, ello no obsta para advertir la gravitación sustantiva de actores ultraconservadores en esos mismos procesos de presunta modernización.

[4] Para un acercamiento a las diversas manifestaciones de ese escenario pueden examinarse múltiples materiales. En el caso de Argentina, por ejemplo, el video de Agustín Laje «15 mentiras sobre el aborto»; en el de México, la página web de organizaciones como el Frente Nacionalista Mexicano; en el de Brasil, el libro del pastor bolsonarista Silas Malafaia O Cristão e a sexualidad; en el de Chile, Axel Kaiser ha publicado libros como La tiranía de la igualdad. Por qué el igualitarismo es inmoral y socava el progreso de nuestra sociedad, entre muchos otros.

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Featured image: Natalia Romé in Chile in 2023. Photo courtesy of the author.

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