«Diez notas sobre los BRICS» apareció originalmente en portugués en el medio brasileño Esquerda Online el 24 de septiembre de 2025. Se tradujo al español y se publica en Communis como parte de la columna de Valério Arcary «Intervenciones»
«Existen diversas interpretaciones exageradas sobre los BRICS. Según la más ingenua de esas interpretaciones —aunque no la menos idealizada—, nostálgica heredera de las fantasías campistas sobre el papel que en su momento desempeñara la URSS, los BRICS serían una articulación de gobiernos de izquierda o socialistas. No lo son, ni remotamente [..] Entre las interpretaciones erróneas, quizás la más extendida sea la que ve en los BRICS un bloque antimperialista, lo cual es una exageración. Los BRICS son una red independiente, pero no una palanca de apoyo a las luchas contra Washington.»
— Valério Arcary
Quien no tiene perro, caza con gato.
Proverbio popular portugués
1.
¿Qué son los BRICS? El bloque de los BRICS surgió por iniciativa de China, Rusia, India y Brasil en 2009 en la reunión de Ekaterimburgo, países a los cuales se sumó Sudáfrica en 2011. Lo curioso es que la sigla por la que se conoce ese grupo de países haya surgido antes. Por ironías de la historia, quien primero utilizó la sigla fue un operador financiero del Banco Goldman Sachs en 2001[1]. Todo análisis realista acerca de la naturaleza de los BRICS no puede llevar sino a una sola conclusión: los BRICS son, por ahora, una red diplomática y un acuerdo comercial surgidos a raíz de la crisis económica internacional de 2007-2008. En cuanto acuerdo comercial no es un acuerdo de libre comercio, si bien busca reducir barreras y aumentar la cooperación en diferentes ámbitos. Es lo que existe actualmente, ni más ni menos. Sin embargo, ese grupo de países desempeña un papel progresista frente a la brutal ofensiva estadounidense en defensa de la supremacía mundial de Washington, en especial contra China. En el caso de Brasil, ese papel progresista es, además, de carácter defensivo, y ello por tres razones principales: a) porque al frente de la mayor potencia mundial se ha instalado un gobierno de extrema derecha con un programa nacional-imperialista que amenaza con recolonizar a América Latina; b) porque las relaciones económicas con los BRICS han hecho disminuir la dependencia histórica de Brasil respecto de las inversiones y la demanda de los mercados de Estados Unidos, Europa y Japón; c) porque el simple indicio de una desdolarización gradual por parte de la iniciativa debilita el poder de Estados Unidos. Se trata de un acuerdo comercial que se basa en el volumen y la proporción de las transacciones e inversiones que siguieron a la fundación del Banco de Shanghái. China es, de lejos, el mayor socio comercial tanto de Brasil como de Rusia y, aunque en menor medida, de India[2].
2.
No debe subestimarse la ofensiva arancelaria internacional sin restricciones lanzada por el Gobierno de Trump durante el primer semestre de 2025, la cual no dejó dudas sobre la intención de Washington de subvertir las relaciones comerciales, incluso con los países de la Tríada, y ha obligado a la Unión Europea, el Reino Unido y Japón a aceptar costos más elevados de acceso al mercado interno de Estados Unidos. Esa avalancha proteccionista vino acompañada de amenazas políticas contra la independencia de Canadá, de anexión de Groenlandia, de apropiación del Canal de Panamá, de violación de las fronteras de México y, por tanto, de dominio imperialista y hemisférico sobre todo el continente americano. Pero sería inexcusable, en particular, minimizar la gravedad de las sanciones comerciales contra Brasil. Sin la compensación de nuevos mercados, las exportaciones brasileñas se habrían desplomado, la balanza comercial se habría invertido y el déficit de la balanza de pagos se habría disparado, lo que a su vez habría provocado una brusca devaluación del real y una ola inflacionaria capaz de desestabilizar al gobierno de Lula y habría hecho mucho más preñada de peligros la pugna por las elecciones de 2026. Más grave aún fue el hecho que el ataque arancelario de Estados Unidos contra Brasil recurriese a la excusa del proceso judicial contra el núcleo golpista liderado por Bolsonaro. Se trata de una ofensiva política indisociable del cerco contra el gobierno de Maduro en Venezuela y de una señal de que lo peor está por venir. En ese contexto, los BRICS desempeñaron un importante papel táctico defensivo, a pesar de las inmensas desigualdades internas, especialmente entre China y Rusia, por un lado, y Brasil y Sudáfrica, por otro. Tanto más cuanto que persiste una crisis de larga duración en el Mercosur, agravada tras el triunfo de Milei en las elecciones presidenciales de Argentina. Las exportaciones brasileñas a los países del bloque cayeron más de un 29 % entre 2011 y 2024, al tiempo que se mantiene en un punto muerto la Tarifa Externa Común. El Mercosur es un acuerdo de libre comercio entre Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, creado en 1991, años después del fin del ciclo de dictaduras militares en el Cono Sur. La adhesión de Bolivia es inminente, mientras que Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú y Surinam son Estados asociados. La integración aduanera latinoamericana, en particular a la luz del objetivo de establecer una moneda común, debería ser la apuesta estratégica central de la izquierda brasileña.
3.
En sus orígenes más remotos se produjo una negociación muy positiva entre India y Brasil, en asociación con Sudáfrica, dirigida a sortear, al margen de la Organización Mundial del Comercio, el escollo que interponían en el tratamiento del sida las patentes de medicamentos indispensables. Los BRICS surgieron en 2009, pero entraron en una nueva fase de su evolución tras la fundación del Nuevo Banco de Desarrollo de Shanghái, concebido con el objetivo de financiar obras de infraestructura sin necesidad de someterse a las condiciones impuestas por el FMI partiendo de criterios que exigen ajustes fiscales neoliberales. Desde entonces, en negociaciones todavía en marcha, se ha venido explorando la posibilidad de que los países del bloque comercien entre sí en sus monedas nacionales, sin que se tenga que utilizar el dólar estadounidense, en un experimento de sistema de pagos internacionales paralelo al Swift y un acuerdo de reservas para situaciones de emergencia. Esas iniciativas son en sí progresistas, ya que desafían la inmensa superioridad financiera de la Tríada, en especial de Estados Unidos, y porque favorecen el crecimiento económico de los países periféricos en condiciones menos desfavorables. A pesar de que el bloque no reviste carácter «institucional», los BRICS constituyen ya un polo político, pues representan a países en los que se concentra más del 40 % de la población mundial y alrededor del 37 % del PIB por paridad de poder adquisitivo.
4.
Cuatro cambios cualitativos ocurridos en el mercado mundial en los últimos veinte años aceleraron transformaciones que provocaron un relativo debilitamiento de la Tríada y permiten explicar el contexto en que fue posible la formación de los BRICS: a) el estancamiento económico en la Tríada con posterioridad a la crisis de 2008, agravado por el impacto de la pandemia; b) el acelerado crecimiento económico de Asia, especialmente de China, que ha logrado verdaderas proezas en materia de infraestructura e innovación científica, lo que ha conducido al aumento de la demanda de materias primas; c) un cambio, aunque parcial, en las condiciones de las relaciones de intercambio en la periferia, con la revalorización de las materias primas a principios del siglo XXI, que favoreció, entre otros, a Rusia y Brasil; d) el agravamiento de la crisis ambiental y el inicio, aunque vacilante, de una transición energética. Sin embargo, si bien apuntan a una tendencia, ninguna de esas transformaciones ha sido, por ahora, estructural o irreversible. Se está produciendo una acelerada carrera de inversiones en nuevas tecnologías nanotecnologías de microprocesadores, biotecnologías e inteligencia artificial— que darán lugar a reestructuraciones productivas. Al mismo tiempo, nos enfrentamos a una nueva carrera armamentística mundial.
5.
Los BRICS surgieron, en gran medida, de una táctica exploratoria sin un proyecto estratégico definido. Una posible analogía histórica los emparentaría con el Movimiento de Países No Alineados surgido de la Conferencia de Bandung en Indonesia en 1955, en el apogeo de la primera etapa de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la URSS. Pero las diferencias no son menos importantes. En Bandung no surgió un campo antimperialista, sino una articulación que buscaba afirmar una posición neutral frente a la disyuntiva de Washington o Moscú. Los BRICS son todavía menos: apenas una alianza económica y financiera. La reciente expansión de los BRICS con la incorporación de seis países más —Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia— a los cinco países iniciales hizo que aumentara aún más la heterogeneidad política interna. La exclusión de Venezuela, principal objetivo de la ofensiva estadounidense en América Latina, bloqueada por Brasil, fue un grave revés. No debe sorprendernos que la corriente neofascista defienda un alineamiento incondicional con Estados Unidos y la ruptura con los BRICS. La izquierda debe defender la permanencia de Brasil en el bloque.
6.
Existen diversas interpretaciones exageradas sobre los BRICS. Según la más ingenua de esas interpretaciones —aunque no la menos idealizada—,, nostálgica heredera de las fantasías campistas sobre el papel que en su momento desempeñara la URSS, los BRICS serían una articulación de gobiernos de izquierda o socialistas. No lo son, ni remotamente. Rusia e India están gobernadas por partidos de extrema derecha. Putin ha consolidado un régimen político autoritario bonapartista que, si bien goza de popularidad interna, no respeta las libertades democráticas más elementales. Modi domina sobre la base de una ideología nacionalista hindú. Según la interpretación más sectaria, heredera de las posiciones antidefensivas que en su momento asumiera la URSS, los BRICS serían una iniciativa china para afirmar un imperialismo en ascenso y sería necesario abogar por la independencia de Brasil tanto frente a Washington como frente a Beijing. De esa caracterización errónea se derivaría la posición según la cual Brasil debería romper con los BRICS. Se trata de un enfoque unilateral, pues China no tiene interés en introducir nuevas tensiones en sus relaciones con Washington y ha respondido de manera firme, aunque cautelosa, a los exabruptos de Trump. Por último, los herederos tardíos de las ilusiones «tercermundistas» consideran que los BRICS podrían ser el instrumento de un idealizado Frente del Sur Global. Si entendemos el Sur Global como sinónimo de periferia histórica de los países que fueron colonias de los poderes imperialistas del centro, es decir, América Latina, África, sobre todo subsahariana, y el sudeste asiático, no es ese el caso. Rusia no es un país de la periferia del capitalismo, sino un Estado imperialista, una potencia militar excluida por la Tríada. India es un Estado nuclear y, a pesar de haber sido duramente golpeada por las sanciones arancelarias de Trump, mantiene estrechas relaciones con Washington. China es la segunda potencia económica mundial y, a pesar de su exclusión del G-7, tiene interés en mantener el acceso a los mayores mercados internacionales.
7.
Entre las interpretaciones erróneas, quizás la más extendida sea la que ve en los BRICS un bloque antimperialista, lo cual es una exageración. Los BRICS son una red independiente, pero no una palanca de apoyo a las luchas contra Washington. Y no lo son por tres razones: a) China apuesta por una estrategia defensiva dirigida a ganar tiempo y acumular fuerzas, y por una coexistencia pacífica a cualquier precio, ya que necesita mantener el acceso a los mercados europeo, estadounidense y japonés para dar salida a su capacidad productiva basada en las exportaciones, y no tiene interés en desafiar a la Tríada; b) India se disputa la hegemonía regional y se ve enfrentada a China por un conflicto fronterizo, a la vez que mantiene relaciones estratégicas con Estados Unidos y el Reino Unido, desde que desarrolló, por su rivalidad con Pakistán, su industria nuclear con ayuda de Israel; c) Brasil mantiene una estrategia diplomática de ambigüedad estratégica por la influencia de Estados Unidos en América Latina. No debería sorprendernos que los BRICS no hayan ido más allá de declaraciones diplomáticas ante el genocidio perpetrado por Israel en la Franja de Gaza, impotentes ante la exigencia de romper relaciones diplomáticas con Israel.
8.
También se equivocan quienes consideran que ya existe algún tipo de multipolaridad en el mundo. La supremacía de Estados Unidos se ha debilitado, pero no ha desaparecido. Se mantiene un orden imperialista encabezado por Estados Unidos y apoyado por la Unión Europea y Japón, a pesar de la crisis interna por la que atraviesa ese orden. Las transferencias de hegemonía en el sistema internacional de Estados es un proceso histórico complejo, condicionado por muchos factores. Nunca se ha producido un traspaso de poder a un nuevo Estado sin una victoria militar. Inglaterra conquistó la supremacía en el siglo XIX sólo tras la derrota de Napoleón en Waterloo. Estados Unidos ya era la mayor economía capitalista a principios del siglo XX, pero fue sólo después de la Segunda Guerra Mundial que se afirmó su supremacía. Ese proceso tampoco obedece nunca a una causa exclusiva, a pesar de la importancia del factor económico. El lugar de cada país en el mundo puede entenderse sólo si se tiene en cuenta su papel en el mercado mundial, pero también —en otro grado de abstracción— su lugar en el sistema de Estados, y uno y otro lugar no necesariamente coinciden. El sistema internacional de Estados es mucho más rígido que las variaciones del peso relativo de los países en el mercado mundial. A pesar de un mayor grado de desorden, el sistema sigue teniendo un centro, y no más que uno, la Tríada, con Estados Unidos en el papel de potencia hegemónica, por su abrumadora superioridad militar y por la fuerza de gravitación de su sistema financiero anclado en el dólar en cuanto principal moneda de reserva. Basta analizar esos y otros factores para percatarnos de que Estados Unidos mantiene su hegemonía. Los BRICS no representan un desafío a esa posición, pues no son más que una trinchera defensiva, o una alianza diplomática necesaria ante una correlación de fuerzas adversa, como se ha demostrado ante la guerra genocida de Israel contra los palestinos y la reciente guerra de Estados Unidos y Tel Aviv contra Irán.
9.
La evaluación de la correlación de fuerzas entre Estados es sólo una de las variables a la hora de comprender el mundo. Los marxistas también tenemos en cuenta, sobre todo, la lucha de clases. La correlación social de fuerzas entre el capital y el trabajo, las dos fuerzas sociales más poderosas del mundo contemporáneo, sigue siendo desfavorable para los trabajadores y las masas populares. Nos encontramos en una etapa histórica aún condicionada por las derrotas que significaron el fin de la URSS y la restauración capitalista. En el último medio siglo no ha triunfado ninguna revolución socialista. Se han producido revoluciones políticas democráticas que han derrocado regímenes por medio la movilización popular. Explosiones de furia popular incontenible acompañadas de huelgas generales, ocupación de edificios públicos, liberación de presos políticos, manifestaciones de millones en las calles produjeron divisiones en los aparatos represivos, dividieron a veces incluso a las Fuerzas Armadas y derrocaron a odiosos gobiernos en América Latina, África y Asia. Pero no amenazaron el orden capitalista. Así ocurrió en el Sahel, en Sri Lanka, en Bangladesh y, recientemente, en Nepal. Pero tampoco supusieron una amenaza para el orden capitalista. Por el contrario, no son las ideas anticapitalistas las que han ganado influencia, sino un programa desesperado de extrema derecha ultracapitalista. Las organizaciones revolucionarias de diferentes tradiciones resisten en condiciones muy difíciles. El neofascismo llegó al poder en Estados Unidos y vio aumentar considerablemente su fuerza en Europa. Vivimos en un contexto de reducción de derechos, no de expansión de conquistas. Aunque se han reducido los niveles de pobreza, la desigualdad social permanece intacta en la mayoría de los países. Por si fuera poco, la amenaza que supone el calentamiento global plantea el reto de una transición energética en crisis debido a la expiración del Tratado de París. Este panorama explica por qué la presencia de Brasil en los BRICS obedece a un estricto cálculo defensivo.
10.
Las asimetrías entre los países del grupo de los BRICS son preocupantes y tienen una importancia estratégica ineludible, ya que Brasil es uno de los eslabones más débiles. No es un acuerdo entre iguales. Nación, Estado y país son conceptos indivisibles, pero no equivalentes. Una nación es un pueblo que ha madurado lo suficiente como para tener una visión de sí mismo en cuanto comunidad de destino común en un espacio definido. Un Estado, sin tener en cuenta la variedad de regímenes políticos, ya sean más democráticos o más autoritarios, es un aparato político-militar que ejerce el poder por tener en sus manos el monopolio del uso de la fuerza. La naturaleza de ese aparato está definida por el grupo social que lo controle. Un país es el resultado de la síntesis entre una o más naciones bajo la autoridad de un Estado y, por tanto, una sociedad que se explica por las relaciones de clase que prevalezcan en ella y por su lugar en el mundo. El mundo es complicado: hay naciones sin Estado, como los palestinos y los kurdos, y Estados sin nación, como Mónaco, que es un híbrido entre Las Vegas y un paraíso fiscal; Andorra, zona franca en los Pirineos; o el Vaticano, sede de la Iglesia Católica. Un país puede ser capitalista, pero sin que el Estado sea burgués, como parece ser el caso excepcional de China. Rusia, India y China son países en los que conviven diferentes naciones y son Estados independientes, pero ello no ocurre en Brasil. Lo que se debe concluir de esas premisas es que los intereses de Brasil no son los mismos que los de los demás Estados. China, Rusia e India ocupan un lugar cualitativamente diferenciado y superior al de Brasil. ¿Cuáles son los criterios que nos permiten entender el lugar de cada Estado en el sistema internacional? Las cuatro variables claves son la historia, la economía, la política y las relaciones internacionales: a) la inserción histórica en la etapa anterior, es decir, la posición de cada Estado en un sistema extremadamente jerárquico y rígido es vital, y Brasil, aunque conquistó la independencia formal hace más de doscientos años, siguió siendo una semicolonia inglesa hasta los años treinta del siglo XX, tras lo cual fue una semicolonia privilegiada de Estados Unidos y, si bien hoy se encuentra en una ubicación semiperiférica, sigue siendo un país dependiente, mientras que China protagonizó una de las mayores revoluciones sociales de la historia, Rusia es una de las dos mayores potencias militares del planeta, e India, aunque sigue siendo un país en que la mayoría de la población es pobre, tiene un grado de independencia gracias a su arsenal nuclear; b) la dimensión de su economía, es decir, las reservas de capital acumulado, la capacidad de mantener la soberanía monetaria, los recursos naturales —como el territorio, las reservas de tierras, los recursos minerales, la autosuficiencia energética, alimentaria, etc.— y los recursos humanos —entre ellos su fuerza demográfica y el nivel cultural de la nación—, así como la dinámica de desarrollo de la industria, es decir, su posición en la división internacional del trabajo y en el mercado mundial, lo que pone de manifiesto la inferioridad de Brasil en todos los ámbitos; c) la capacidad de cada Estado para mantener su independencia y el control de sus zonas de influencia; es decir, su fuerza militar de disuasión, que depende no sólo del dominio de la técnica militar o de la calidad de sus fuerzas armadas, sino del mayor o menor grado de cohesión social de la sociedad y, por tanto, de la capacidad política del Estado para convencer a la mayoría del pueblo, si fuera inevitable, de la necesidad de una guerra, otros tantos factores que confirman la debilidad cualitativa de Brasil; d) las alianzas duraderas entre los Estados, que se materializan en tratados y acuerdos de colaboración, y la relación de fuerzas que resulta de los bloques formales e informales de los que forman parte, es decir, su red de coalición. Rusia y China han firmado un acuerdo de colaboración estratégica, y Beijing acaba de celebrar una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái, con la participación de India, con lo cual se ha fortalecido su iniciativa para Asia. En América Latina, la Organización de los Estados Americanos (OEA) está bajo la égida de Estados Unidos, mientras la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) son foros de escaso peso, el Mercosur está en crisis y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) en estado de suspensión, si no enterrada.
Featured image: Flags of BRICS Member States, BRICS Portal. Photo courtesy of Rowaq Arabi.
Translated from the original in Portuguese by Rolando Prats.





