«Quatro “rotas de fuga” do capitalismo», de Valério Arcary, apareció originalmente en portugués en el medio brasileño Esquerda Online el pasado 3 de septiembre de 2025.
«Quedan grandes países de mayoría rural, como Indonesia, Pakistán, Filipinas y gran parte de África subsahariana. Pero nos acercamos ya a la última frontera. El impacto será enorme, como se vio en la gran migración de más de trescientos millones de personas de las regiones agrarias del oeste de China en los últimos treinta años. La incorporación al proceso de circulación del capital mundial no es posible sin la colonización del sur del planeta y, por tanto, sin riesgos políticos imprevisibles. No será fácil integrar a grandes países con recursos y materias primas de dimensiones «continentales» en que aún existen las condiciones sociales para una «acumulación primitiva» con salarios medios de hambre, sin que antes los campesinos opongan una violenta resistencia a la proletarización.»
— Valério Arcary
No es con paja que se apaga el fuego.
Proverbio popular portugués
1.
La tesis del presente artículo es que nos encontramos en una nueva fase del capitalismo. Estados Unidos está a la ofensiva en todos los frentes. Trump está «sembrando el terror». El «incendiario» programa que propugna Washington apuesta por la supremacía estadounidense sobre la base de un impulso tal al crecimiento económico nacional-imperialista que se muestre capaz de disputarle a China la hegemonía mundial y de exportar la crisis a los países periféricos. Son cuatro las «vías de fuga hacia adelante» más importantes: a) el aumento de la explotación en gran escala del trabajo; es decir, el aumento de la tasa de extracción de plusvalía, ya sea mediante la devaluación de los salarios o por la fuerza de la presión que ejerce la amenaza de desempleo masivo; b) la subversión del tiempo a través de un ciclo económico más corto, mediante la aceleración de las innovaciones tecnológicas; por ejemplo, con el avance de las nanotecnologías de microprocesadores para aumentan el rendimiento, la eficiencia energética y la capacidad de los chips, la aplicación de la biotecnología a nuevos principios activos de fármacos y la inteligencia artificial; c) la subversión del espacio a través de la internacionalización definitiva l —la cual ha de extenderse hasta la última frontera gestionada por el orden imperialista — que impone la colonización de las últimas naciones que se integran en el mercado mundial; d) la subversión del futuro por medio del crédito a través de apuestas de financiarización ilimitada de todo, con la expansión del endeudamiento insostenible de los Estados. Pero el capitalismo no es invencible. Con cada «fuga hacia adelante» gana tiempo histórico, pero ello sólo si logra derrotar a la clase trabajadora. Y habrá mucha lucha.
2.
Marx presentó la ley de la caída de la tasa media de ganancia como la tendencia histórica más importante que explicaba el metabolismo del capital, pero —por razones de método— destacó las contratendencias que actúan como freno. No hay caída libre. El capitalismo ha puesto en marcha procesos para sortear el peligro de la precipitación de crisis económicas destructivas que se desbordaban en crisis sociales y políticas y allanaban el terreno para el surgimiento de situaciones revolucionarias. La burguesía ha extraído lecciones de la historia. En ningún momento Marx apostó por la «muerte natural» del capitalismo. Este tendría que ser derrocado por un sujeto social consciente, la clase trabajadora y sus aliados sociales. El análisis marxista considera que todos los fenómenos de la vida social son de naturaleza contradictoria. Ello no significa que a la larga su movimiento sea indeterminado. Tarde o temprano alguna dinámica termina afirmándose por sobre los antagonismos y superando los obstáculos. No hay equilibrio en el mundo, hay conflicto. Ya en los Grundrisse, Marx se centra en las contratendencias susceptibles de neutralizar e, incluso, en ciertas circunstancias históricas, revertir temporalmente la acción de los factores que ejercen presión para que se produzca una caída de la tasa media de ganancia y, por tanto, precipitar una crisis. Son muchas, desde las transitorias o efímeras, como la reducción de impuestos, hasta las estructurales, como la inmovilización de masas cada vez mayores de capital en maquinaria o capital fijo, en sustitución del trabajo vivo.
3.
La forma recurrente de las crisis capitalistas encierra un enigma. ¿Cuál es el factor que les sirve de impulso? ¿Cómo se explica esa pulsación regular en la que se alternan fases de crecimiento y de destrucción? La regulación de las mercancías opera como una «mano invisible» que se ajusta entre la producción y el consumo. La asignación de los recursos corre a cargo del mercado sólo a posteriori respecto de la producción, de modo que la producción puede ser mayor o menor que la demanda. La sobreproducción de mercancías que desencadena la necesidad de ajustes periódicos es, por tanto, apenas la superficie visible de los movimientos más profundos en el desplazamiento de las «placas tectónicas» que protegen a todos los edificios económicos. La ley principal del movimiento interno del modo de producción capitalista que explica la irrupción recurrente de la crisis es la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia. Esa cantidad de riqueza la define Marx como la proporción entre la masa de excedente y el capital empleado para producir, o el conjunto del excedente producido a su vez dividido por el capital. La tendencia se explica por el aumento constante de la composición orgánica. Como la porción del capital que garantiza la producción de excedente (el capital variable) tiende a ser una fracción cada vez menor del capital en su conjunto, se manifiesta la tendencia ineludible a la sustitución del trabajo vivo por el trabajo muerto, por lo que en principio la rentabilidad tendería a disminuir. En resumen, si los factores que pueden neutralizar la disminución del peso del trabajo vivo no ejercen presión, entonces la ganancia, que es proporcional al capital invertido, sufre una caída. Sabemos que son innumerables los factores que actúan para bloquear esa caída. El más decisivo de todos es el aumento de la explotación. Si la tasa de apropiación de la plusvalía aumenta, el capital acelera su proceso de acumulación y la tasa de ganancia no sufre caída alguna. La regla no es solamente la variación de la pobreza extrema. Aunque la miseria disminuya, si la explotación aumenta, la desigualdad crece. ¿Cómo están evolucionando, a escala mundial, esas relaciones entre las clases? ¿Ha aumentado la distribución de la renta, como pretenden los apologistas del capitalismo, o ha aumentado la iniquidad? Desde los años ochenta, los indicadores revelan una intensificación de las condiciones de sobreexplotación, con pequeñas variaciones nacionales. Los datos disponibles en sucesivos informes provenientes de las más diversas fuentes (Naciones Unidas, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Banco Mundial) son concluyentes. La injusticia social ha aumentado en general en todo el mundo, pero también en los países del centro.
4.
¿Existen límites al aumento de la extracción de plusvalía? No es esta una cuestión de poca importancia, pues en caso de que el aumento de la explotación no estuviera sujeto a ningún límite, entonces las crisis se verían más atenuadas, o incluso serían acontecimientos pasajeros, si bien nunca indoloros. Parece sensato reconocer que existen límites insuperables para el agravamiento de la explotación. En primer lugar, existe un límite objetivo que son las condiciones biológicas neurológicas mínimas que deben respetarse a fin de preservar la mano de obra. En segundo lugar, debemos considerar la lucha de clases y suponer que las condiciones de explotación expresan, además de factores históricos —es decir, las conquistas logradas por la resistencia de generaciones anteriores—, una determinada correlación de fuerzas. Esos límites son variables, pero también irreductibles. Desde el punto de vista de los trabajadores, la libertad no se limita a las condiciones de expresión, organización o manifestación. Existe una libertad que tiene que ver con el derecho a la vida, la libertad de los músculos y los nervios. Sin una derrota histórica no es posible elevar la tasa de explotación por tiempo indefinido. El proyecto neofascista mundial liderado por Trump tiene por objetivo imponer esa derrota histórica.
5.
La crisis medioambiental provocada por el aumento de la temperatura media del planeta por encima de 1,5 grados centígrados, mucho antes de lo previsto por los climatólogos, supone una amenaza para el nivel de vida medio del planeta. La catástrofe ecológica en curso amenaza con encarecer las materias primas, que son la base de la cadena productiva de bienes indispensables para la supervivencia de los trabajadores y decisivos para la definición del salario medio. La tendencia a la caída de los precios de las materias primas se ha manifestado a lo largo de siglos, sin bien con intensidad variable, debido a la transferencia de riqueza desde los países periféricos hacia los países del centro. ¿Existe un límite absoluto, o estamos cerca de alcanzar esos límites, en las condiciones actuales de calentamiento global? Los salarios de los trabajadores de todo el mundo se consumen principalmente en alimentos. Una disminución en los precios de la canasta básica tiene una relación evidente con las condiciones políticas que favorecen una posible caída de los salarios sin una mayor revuelta del proletariado. La deflación relativa de las materias primas fue uno de los factores que explicaron la caída ininterrumpida de los salarios medios en los últimos treinta y cinco años en los países del centro. ¿Estamos cada vez más cerca de un aumento cualitativo de los precios de los cereales, base de la cadena alimentaria humana? La escasez de agua que viene aparejada con el aumento de las temperaturas como consecuencia de la emisión de contaminantes indica que han caducado los objetivos del Tratado de París. La ofensiva imperialista de Estados Unidos en aras de la apropiación de materias primas no se reducirá a la disputa por el petróleo y los minerales o las tierras raras: responde a la necesidad de recolonizar el mundo para preservar la paz social interna.
6.
¿Podría la introducción de nuevas tecnologías contrarrestar la caída de la tasa media de ganancia? Sí. Y nos enfrentamos a una ruptura en el proceso productivo por el impacto imprevisible de las nuevas tecnologías, en especial la inteligencia artificial, que provocará un desempleo en una escala aterradora. Cientos de millones de trabajadores verán cómo sus ocupaciones se vuelven obsoletas. El aumento de la productividad, mediante el ahorro del tiempo medio de trabajo socialmente necesario, es un movimiento necesario del capital para vencer a la competencia en el mercado, pero también es un factor de crisis del sistema. Marx no ignoraba que el aumento de la plusvalía relativa podría ser un factor de neutralización de la caída de las ganancias, ya que las máquinas más modernas permitirían aumentar la producción y reducir los costos, sin aumentar la jornada laboral y sin reducir los salarios. Sin embargo, destacó que ese movimiento del capital, a largo plazo, tendría como consecuencia el aumento de la composición orgánica, ya que disminuiría el peso del trabajo vivo en relación con el trabajo muerto y, como sólo el trabajo vivo genera plusvalía, habría de disminuir con ello la tasa media de ganancia. Los nuevos equipos industriales sustituyen a las máquinas obsoletas para reducir costos y vencer a la competencia. Los debates teóricos e historiográficos sobre ese tema son de gran complejidad ya que, entre otros aspectos, se refieren a las relaciones entre economía y ciencia y entre ciencia y tecnología. Pero el progreso técnico impulsado por la acumulación de capital parece estar, por consiguiente, en su raíz.
7.
Planteemos el problema. ¿Cómo es posible aumentar la tasa de plusvalía? La extracción de plusvalía es posible sólo porque una determinada mercancía —en este caso, el trabajo — se vende sistemáticamente por un precio inferior al valor que incorpora al proceso productivo. Esa explotación, a su vez, es posible sólo porque los trabajadores, la mayoría de la población, no tienen otra forma de sobrevivir que no sea por medio de la venta de su trabajo. Precisamente por ser muchos y no poseer nada, los trabajadores son, en la economía de mercado regulada por la oferta y la demanda, más frágiles que los propietarios del capital. Por tanto, es también por el hecho de ser más numerosos y no tener nada que los trabajadores pueden llegar a ser mucho más fuertes que sus verdugos en la lucha política. Fueron los primeros socialistas quienes grabaron en la historia, con su sangre derramada, uno de los lemas fundadores del movimiento obrero: «quien no tiene nada, no tiene nada que perder». Podríamos preguntarnos: pero entonces, ¿tampoco las máquinas transfieren valor al producto final? Evidentemente, los equipos industriales transfieren una masa de valor cada vez mayor y, cuanto más modernos, tanto más valor transfieren al producto final. Sin embargo, nunca transfieren más valor del que contienen. Lo cual no parece difícil de entender: ¿por qué los capitalistas se venderían entre sí, sin estar amenazados, mercancías por un precio inferior a su valor? La reducción del movimiento de rotación del capital de su media decenal a ciclos más cortos, que expresan la mayor velocidad de introducción de innovaciones tecnológicas y de renovación de equipos industriales, ha sido uno de los cambios que han tenido lugar desde el inicio de la nueva fase mundial, y se ha acentuado por el impacto de la pandemia. Las innovaciones de la microelectrónica, los nuevos fármacos de la biotecnología y, sobre todo, la inteligencia artificial ayudan a comprender la tendencia a la reducción del ciclo, pero son, por sí solos, insuficientes para fundamentar el inicio de una nueva fase histórica de crecimiento sostenido, si se compara con los treinta años de la posguerra. Será en el terreno de la lucha de clases donde se habrán de medir las fuerzas. Un plan para preservar la estabilidad del capitalismo basado en regímenes autoritarios dirigidos por neofascistas, el fortalecimiento del complejo militar-industrial estadounidense, europeo y japonés, un blindaje nacional-imperialista sustentado en la defensa de Estados étnico-raciales puros, al estilo de Israel, y compensado por programas de renta mínima para los más pobres, no es posible sin una derrota histórica de la clase trabajadora.
8.
La expansión horizontal del mercado mundial es otra tendencia que frena la caída de la tasa media de ganancia. Es ese uno de los argumentos más poderosos de quienes prevén que es posible contrarrestar la tendencia al estancamiento económico a medio plazo. Hace una década que la economía mundial camina de lado. La recuperación tras la pandemia ha sido débil, salvo en China e India. Ello nos recuerda la predicción hecha por Rosa Luxemburg, quien se percató de que el capitalismo encontraría límites difíciles de superar «cuando el último campesino del último país atrasado» se incorporara al mercado mundial. Esa internacionalización no se ha agotado. Quedan grandes países de mayoría rural en el mundo, como Indonesia, Pakistán, Filipinas y gran parte de África subsahariana. Pero nos acercamos ya a la última frontera. El impacto será enorme, como se vio en la gran migración de más de trescientos millones de personas de las regiones agrarias del oeste de China en los últimos treinta años. La incorporación al proceso de circulación del capital mundial no es posible sin la colonización del sur del planeta y, por tanto, sin riesgos políticos imprevisibles. No será fácil integrar a grandes países con recursos y materias primas de dimensiones «continentales» en que aún existen las condiciones sociales para una «acumulación primitiva» con salarios medios de hambre, sin que los campesinos opongan una violenta resistencia a la proletarización. La ofensiva imperialista de recolonización se centra, como es evidente, la explotación al máximo de las posibilidades de ese proceso, como baluarte de una nueva fase de crecimiento más sostenible. Pero de la guerra por el petróleo de hace veinte años pueden extraerse enseñanzas.
9.
Las grandes migraciones —Volkerwanderung, según la expresión acuñada por Toynbee— y las guerras de conquista fueron un modelo histórico fundamental para comprender los procesos de transición histórica antes de la constitución del mercado mundial y de un sistema mundial de Estados bajo la hegemonía europea. Antaño existieron sociedades y civilizaciones precapitalistas que, desgarradas por la exacerbación de contradicciones endógenas, sucumbieron bajo la presión de factores exógenos (como invasiones) y se derrumbaron como castillos de naipes. El Imperio Romano de Occidente, destruido los bárbaros, y el imperio azteca, derrocado por los conquistadores de Castilla, entre tantos otros ejemplos, eran, en gran medida, edificios condenados de antemano. Todos los modos de producción precapitalistas garantizaban la extracción del plustrabajo por medio de mecanismos extraeconómicos y, por tanto, con la destrucción del Estado se venían abajo las relaciones jurídico-políticas que propiciaban la apropiación del excedente social. Actualmente, el capital garantiza la apropiación del plustrabajo por métodos económicos, de tal manera que, incluso después de la derrota y la destrucción del Estado burgués, las relaciones capitalistas son susceptibles de sobrevivir, como lo demostró la historia en la Unión Soviética, en los poros de las relaciones de mercado. U hoy en China, en una escala mucho mayor. Los retos de la transición poscapitalista son, por tanto, mucho más complejos. Pero el capitalismo tiene límites y no es invencible. El capitalismo es destrucción. La ley de la tendencia a la caída de la tasa media de ganancia proporcionó el marco teórico de la interpretación marxista sobre los límites históricos del capitalismo. Esa ley permite explicar el movimiento en forma de ciclos que exigen la destrucción periódica de las fuerzas productivas como forma de ajuste interno del sistema.
10.
¿Compensa la magnitud del capital, las dimensiones colosales que ha alcanzado la acumulación, que permiten que hoy tengamos, por ejemplo, al menos decenas de miles de millones de dólares que circulan diariamente en los mercados financieros, o títulos con un valor nominal en derivados que superan los 350 billones de dólares, algo así como tres PIB mundiales anuales, la reducción de la tasa media de ganancia? La dimensión compensa la caída de la tasa media de ganancia, pero aún así sería necesaria una tasa mínima que compensara el riesgo, so pena de que, ineluctablemente, masas inconmensurables de capital se alejaran de la producción. La financiarización del capitalismo debe entenderse, por tanto, como una tendencia histórica e indetenible, inscrita como uno de sus impulsos evolutivos desde hace muchas décadas. La financiarización y el estancamiento se alimentan mutuamente en cuanto mecanismo de recuperación de la tasa media de ganancia. ¿Podría el volumen de capital, incluso si se comprueba que la acumulación es más lenta porque la ganancia es proporcionalmente cada vez menor, neutralizar la tendencia a la crisis y seguir siendo lo suficientemente atractivo para justificar una objetivación de capitales en la producción? La caída de las ganancias en la producción está en el origen de la fuga de capitales de las inversiones productivas y de la creciente colocación de grandes cantidades de capital en títulos. ¿Qué futuro podríamos atribuir a un sistema en el que la riqueza huye de la actividad productiva? Sólo la barbarie. Prever crisis cada vez más devastadoras social y políticamente insostenibles no parece, por tanto, señal de catastrofismo. Habrá lucha. Lucha contra genocidios como el perpetrado en la Franja de Gaza, lucha contra guerras interimperialistas como en Ucrania, luchas contra la amenaza de desastres medioambientales, luchas contra el neofascismo, luchas por el derecho al futuro.
Featured image: Illustration to “Largest Migration in Human History From Rural to China’s Cities.” Photo by Randy Olson. Courtesy of Olson&Farlow.
Translated from the original in Portuguese by Rolando Prats.





