¡Que así sea entonces! Oh pueblos, vaciad vuestros hogares de todas esas posesiones, ganadas con tanto sacrificio, y administrad vuestras alegrías y vuestras penas en las ruinosas arterias comerciales. Abandonado el tiempo, sin traba alguna el concilio, sin estribos la alteración. Adornad vuestros delantales con los colores del arcoíris y coronad las farolas con hibiscos y laureles. Devolved su equilibrio a la naturaleza en este ajuste de cuentas de los asuntos humanos. Convocad a los predicadores para que ante el leviatán se lamenten y arrepientan a intervalos regulares. Dejad que funcionarios estatales y jueces de paz se alineen a lo largo del trayecto, después de haber despojado a sus villas de los tapices que adornan sus paredes, y entregad las ganancias a la más ruda de las congregaciones. Reunid a vuestros ejércitos, aunque sea sólo para asistir al alzamiento, y al poder sublime de vuestra redundancia.

¡Contemplad! En el horizonte de las vastas llanuras aparecen de golpe enormes rascacielos, bamboleándose como jeringuillas que se hubiesen clavado en los brazos de colosos; jabalinas de Academus marcarán el sitio en que futuros seres practicarán nuevos modos de pensar. Habiendo llegado a esas trepidantes Babilonias, descenderán de sus caravanas las multitudes, liberándose al unísono de su fardo, con gestos aleatorios que recordarán resoluciones de parlamentos medievales. Cambiarán de nombre ciudades enteras y en cada demarcación se plantará un sauce en alabanza de las estaciones y de las hierbas medicinales. Se construirán hornos en los que incinerar infundadas mercancías y desde los que se elevarán agujas de hollín que darán paso a majestuosas puestas de sol púrpuras. No se percibirá rencor ni resentimiento, pues los adversarios de ayer se sentarán juntos a degustar banquetes nectarinos y los meseros descenderán en rápel desde paredes de cristal y acero, balanceando sus ofrendas en bandejas de aulaga. Ni la policía será menos inmune a la verdad y la reconciliación y, con el consentimiento de las masas, estará dispuesta a asistir a los viajeros, los ancianos, los enfermos.

Innúmeros en nuestro asilo serán los sexos, reales los números, facultativos las familias y los pronombres, junto con todas las historias personales y la recaudación de tributos. Cada vez que el dinero suscite duda o sospecha, sometedlo a pacífica averiguación y, cuando surjan controversias, poned en marcha, al caer la tarde, a lo largo de las avenidas, juegos atléticos que duren toda la noche; hasta que, finalmente, se establezca una nueva ley. Allí donde antes reinaran el odio y la amargura, que prevalezca el ministerio de lo sensual: del amor, del placer, del deseo, y de su oportuna amalgama, de tal manera que el solipsismo y el egoísmo resulten tan repugnantes como imposibles.

¡Y nuestros sueños! Abajo las obscenidades de la realidad virtual, cuyos artefactos y prótesis habrán de verse barridos sin dejar huella hacia depósitos volcánicos. ¡Sociedad! Interpón tus buenos oficios y deja que el pueblo delibere en un caleidoscopio de sueños.

Jason Barker simplemente es

Featured image: Plaque of the Ergastines (“weavers”), detail of face, from the east frieze of the Parthenon in Athens, c. 445–435 B.C. Louvre Museum. Source: Flickr.

Translated from the original in English by Rolando Prats.

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